viernes, diciembre 15, 2017

CUANDO ERA PEQUEÑO, MUY PEQUEÑO

CUANDO ERA PEQUEÑO, MUY PEQUEÑO

Cuando era pequeño, muy pequeño,

recuerdo que siempre, junto a mi cama
juntaba las manos y de prisa rezaba,
más rezaba como quien amaba.

Las Ave Marías, yo rezaba,
y siempre comía unas palabras
a veces cansado me quedaba dormido,
más dormía como quien amaba.

Ave María de mi Señor.
El tiempo pasa, no vuelve atrás,
siento nostalgia de aquellos días
cuando dormía pensando en Ti.
Ave María, Madre de Dios/

Después fui creciendo, fui creciendo
y eché en el olvido mis oraciones.
Llegaba a mi casa disgustado y cansado,
y de hablarte nunca me acordaba.

Anduve dudando, hoy recuerdo
de cosas divinas que me enseñaban.
En mí estaba muerto aquel niño inocente,
mis caminos de Ti se alejaban.

Ave María de mi Señor.
El tiempo pasa, no vuelve atrás,
siento nostalgia de aquellos días
cuando dormía pensando en Ti.
Ave María, Madre de Dios/

Tu amor es muy grande, no se acaba,
la Madre no olvida al que se marcha.
Hoy llego a mi casa disgustado y cansado,
pero rezo como ayer rezaba.

Las mismas palabras que ahora rezo,
a veces me olvido y hasta me duermo:
no importa dormirse sin rezar lo debido,
pues está mi corazón contigo.

Ave María de mi Señor.
El tiempo pasa, no vuelve atrás,
siento nostalgia de aquellos días
cuando dormía pensando en Ti.
Ave María, Madre de Dios/

Ave María de mi Señor.
El tiempo pasa, no vuelve atrás,
siento nostalgia de aquellos días
cuando dormía pensando en Ti.
Ave María, Madre de Dios/

CUANDO ERA PEQUEÑO, MUY PEQUEÑO

Santa Sede

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SALMO 92

SALMO 92, 1-3

Bueno es dar gracias a Yahveh, y salmodiar a tu nombre, Altísimo,
Publicar tu amor por la mañana, y tu lealtad por las noches,
Al son del arpa de diez cuerdas y la lira, con un susurro de cítara.

SALMO 92, 4-6

Pues con tus hechos, Yahveh, me regocijas, ante las obras de tus manos grito:
«¡Qué grandes son tus obras, Yahveh, qué hondos tus pensamientos!»
El hombre estúpido no entiende, el insensato no comprende estas cosas.

SALMO 92, 7-9

Si brotan como hierba los impíos, si florecen todos los agentes de mal, es para ser destruidos por siempre;
Más tú, Yahveh, eres excelso por los siglos.
Mira cómo tus enemigos perecen, se dispersan todos los agentes de mal.

SALMO 92, 10-12

Pero tú alzas mi frente como la del búfalo, derramas sobre mí aceite nuevo;
Mi ojo desafía a los que me acechaban, mi oído escucha a los malvados.
Florece el justo como la palmera, crece como un cedro del Líbano.

SALMO 92, 13-15

Plantados en la Casa de Yahveh, dan flores en los atrios del Dios nuestro.
Todavía en la vejez producen fruto, se mantienen frescos y lozanos,
Para anunciar lo recto que es Yahveh: mi Roca, no hay falsedad en él.

SALMO 95

SALMO 95, 1-3

Venid, cantemos gozosos a Yahveh, aclamemos a la Roca de nuestra salvación;
con acciones de gracias vayamos ante él, aclamémosle con salmos.
Porque es Yahveh un Dios grande, Rey grande sobre todos los dioses;

SALMO 95, 4-7

En sus manos están las honduras de la tierra, y suyas son las cumbres de los montes;
suyo el mar, pues él mismo lo hizo, y la tierra firme que sus manos formaron.
Entrad, adoremos, prosternémonos, ¡de rodillas ante Yahveh que nos ha hecho!
Porque él es nuestro Dios, y nosotros el pueblo de su pasto, el rebaño de su mano.

SALMO 150

SALMO 150, 1-3

Alabad a Dios en su santuario, alabadle en el firmamento de su fuerza,
Alabadle por sus grandes hazañas, alabadle por su inmensa grandeza.
Alabadle con clangor de cuerno, alabadle con arpa y con cítara,

SALMO 150, 4-6

Alabadle con tamboril y danza, alabadle con laúd y flauta,
Alabadle con címbalos sonoros, alabadle con címbalos de aclamación.
¡Todo cuanto respira alabe a Yahveh! ¡Aleluya!.

CUANDO ERA PEQUEÑO, MUY PEQUEÑO