Busquemos, dialoguemos, perdonemos…
El Señor nos invita a poner en ejercicio el acto de amar al prójimo con misericordia.
Frente al hermano que peca estamos invitados a corregirlo y si nos escucha, dice Jesús, lo habremos ganado. Dialogar, conversar con quien peca. No excluir a nadie por un error o por una equivocación, no juzgar ni condenar. Lo nuestro es buscar a quien se pierde, perdonar a quien peca, dialogar con quien se equivoca. Nos corresponde invitar, encontrar mecanismos para la misericordia. Todos valemos, somos importantes, podemos cambiar. Los cristianos debemos ser capaces de “sacar” lo bueno, lo divino, lo grande de las personas desde la perspectiva del amor que lo da todo y que es nuevo cada día.
La comunidad tiene su fuerza en Dios.
La comunidad unida es referente de salvación.
La comunidad invita, no excluye; en la comunidad se ora y a ninguno se margina. Dios está al centro, une en el amor y da las fuerzas necesarias para iniciar procesos de acompañamiento, de amor, de sanación y de perdón las veces que sean necesarios. La comunidad es presencia de Dios, lugar de Dios y por lo tanto la comunidad debe proyectarse como lugar de acogida y de perdón. Cada vez que alguien peca, que se equivoca, que falla, la comunidad debe acompañarlo desde la oración. La comunidad, aunque tiene el poder de atar está siendo llamada a desatar, a ser compasiva, a imitar en Jesús a Dios que es bueno, esto es, compasivo y misericordioso.
Dios cuenta con nosotros, con todo el amor con el que podemos amar y de manera especial, a los que son de nuestra comunidad y también a los que también consideramos enemigos, a los que nos han hecho algún daño bien con obras o con palabras. Debemos vivir con la convicción profunda (desde la fe) que más “ganamos” ganando al que peca contra nosotros, que no debemos dejar que se pierda ya que del hermano, del prójimo, Dios nos pide cuentas sobre todo cuando se comprueba que quien no ama a su hermano no ama a Dios.
Busquemos, dialoguemos, perdonemos todas las veces que sean necesarias.
Ayudemos, desde el amor, a que los demás encuentren su camino y cambien de conducta. Valora a los que te ayudan, te aconsejan, quieren para ti la salvación, la eternidad.
Aprendamos a escuchar, tratemos con amor a quien quiere corregirnos, agradezcamos a todos lo que anhelan nuestro bien. Cambiemos todo aquello que sabemos afecta a los demás y a la comunidad y seamos también nosotros testigos del amor de Dios que a través nuestro y el de nuestros hermanos nos sigue salvando.
Con mi bendición:
P. Jaime Alberto Palacio González, ocd
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20. Coronilla de la divina misericordia

Fuente: P. Jaime Palacio
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