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sábado, septiembre 26, 2020

ORACIÓN DE UNA MUJER POR LA SALUD DE SU ESPOSO

ORACIÓN DE UNA MUJER POR LA SALUD DE SU ESPOSO

ORACIÓN DE UNA MUJER POR LA SALUD DE SU ESPOSO

Señor, yo oro por tu toque sanador en (nombre del esposo).

Haz que cada parte de su cuerpo funcione de la manera que tú la diseñaste. Donde quiera que haya algo fuera de balance, hazlo que funcione en perfecto orden.

Sánalo de cualquier enfermedad, dolencia, lesión, mal o debilidad. Fortalece su cuerpo para que soporte bien su trabajo y cuando él duerma que pueda despertar descansado por completo, rejuvenecido y reanimado. Dale un corazón fuerte que no falle. Te pido que no vaya a tener problemas del corazón en ningún momento.

Oro para que tenga deseo de cuidar su cuerpo, comer alimentos saludables, hacer ejercicio con regularidad y evitar cualquier cosa que sea dañina para él. Ayúdalo a comprender que su cuerpo es tu templo y que él debe cuidarlo como tal (1 Corintios 3:16).

Oro para que él lo presente como sacrificio vivo, santo y agradable a ti (Romanos 12:1)

Te ruego que cuando esté enfermo lo sostengas y lo sanes. Llénalo de tu gozo para que se fortalezca. Oro en especial por (menciona cualquier cosa que te preocupe). Dale fe para que diga “Señor, mi Dios, te pedí ayuda y me sanaste” (Salmo 30:2)

Gracias señor, mi sanador. Oro para que mi esposo viva una larga y saludable vida y cuando venga la muerte, que sea acompañada de paz y no de doloroso sufrimiento y agonía.

Amén.
Fuente: http://ow.ly/jyTr30nYhbSORACIÓN DE UNA MUJER POR LA SALUD DE SU ESPOSO

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

 

Santa Sede

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