La Ascensión del Señor
Mi saludo que lleva los mejores deseos de paz y bien en el Señor y el anhelo infinito de que nosotros también nos sintamos invitados por el Señor a salir sin miedos y llenos del Espíritu Santo, que es fuerza y poder de Dios, a predicar el Evangelio, a bautizar en el nombre de la Trinidad para compartir así los dones que Él mismo nos ha regalado y dar testimonio, con la palabra y con la vida, de la unidad que genera la fe en el resucitado: unidos en el amor trabajamos por la extensión del Reino que Dios ha instaurado en Jesús. Tenemos un compromiso con el Señor y es de seguir dando lo mejor. Esto es perdonar en el nombre del resucitado y predicar el amor como la fuerza que construye sociedades nuevas y justas.
Amor al estilo de Jesús.
Hoy, en muchas partes del mundo, la Iglesia celebra la solemnidad de la Ascensión del Señor, ese regreso a la casa del Padre, al corazón de Dios; una partida que implicaba una presencia y un subir al cielo que implicaba un vivir para siempre en el corazón de los creyentes por medio del Don que él, junto con el Padre, nos iba a enviar: el Espíritu Paráclito, sabiduría de Dios y alegría de la humanidad. Jesús ha regresado a lo alto después de haber sido resucitado por Dios y ahora está a la derecha de su Padre y nosotros a sus pies siendo Él la Cabeza de la Iglesia. Él nos guía, nos acompaña y sobre todo, nos hace dignos de un servicio que es entrega en amor para los demás siendo así la Iglesia la plenitud de una obra que nace en el amor y perdura hasta que Él vuelva.
El tiempo desde la resurrección hasta que Jesús fue llevado al cielo, fue usado por él para dar instrucciones a los apóstoles, para mostrar que estaba vivo y para hablar del Reino. Jesús regresa definitivamente al cielo, al Padre y los discípulos deben esperar unos días hasta que le llegue a plenitud el Espíritu Santo, don del Padre que acompañará, llenará de certezas y de alegría a la comunidad apostólica. Ellos ahora, después de la Ascensión, serán los testigos que darán testimonio del obrar de Dios. El Señor confía, sabe de la capacidad de cada uno para la entrega del bien y por eso no duda de sus apóstoles.
Con mi bendición:
P. Jaime Alberto Palacio González, ocd
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Fuente: P. Jaime Palacio
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