Cuerpo y Sangre de Cristo
Mi deseo es que la semana que comenzamos siga estando marcada por la experiencia del amor de Dios que, acercándose cada día más a nosotros, se hace vida en el Cuerpo y la Sangre de su Hijo, vida que se entrega por nuestra salvación y que nos hace sagrarios, templos, lugar en que mora la Trinidad. La Eucaristía debe seguir siendo el centro de la religiosidad cristiana, el lugar de encuentro real con Jesús, el alimento que perdura hasta la vida eterna y el memorial de toda una historia de entrega que llega a la plenitud precisamente en la celebración de la Eucaristía fuente de donde brota la vida de la Iglesia.
En el sacramento de la Eucaristía, nos dice la oración colecta de este domingo, Jesús nos ha dejado el memorial de su pasión, es decir, el momento sublime de su entrega en medio del dolor, de la soledad por la ausencia de los suyos; momento redentor en cuanto el amor es llevado hasta el extremo y Jesús asume las consecuencias de su misión y de su entrega. Por la Eucaristía nosotros podemos experimentar el fruto de la redención.
La Eucaristía es sacramento de salvación porque en ella se condensa todo el amor, toda la entrega, todo el dolor y la alegría de la resurrección.
La Eucaristía es Pascua que se celebra cada día para nuestra salvación. La Eucaristía es verdadera comida, es plenitud de lo que fue y significó el maná para el pueblo en el desierto y lo que significa y significará para cada uno de nosotros que estamos de camino, que somos peregrinos.
La Eucaristía nos hace tomar conciencia de la unidad en la que participamos cada vez que comulgamos. Es Jesús que nos congrega, que nos hace parte de su cuerpo en el que Él es la cabeza. La Eucaristía es la savia que, estando en Jesús, recorre nuestro ser. Somos Uno en el Señor de la misma manera que Jesús es Uno con el Padre. Somos muchos, pero en Jesús somos comunión, unidad. Imagen de la Trinidad que se hace camino y se proyecta en cada uno de nosotros. Cuando nosotros participamos de la Eucaristía y comemos del Cuerpo de Cristo y bebemos su Sangre habitamos en Él; sucede un cambio en nuestro ser y al comer y beber habitamos en Él y Él en nosotros.
La Eucaristía nos hace Uno en Dios.
Vivimos en Jesús y vivimos por Jesús, la vida que se toma es la misma que se entrega. Jesús es vida eterna que quiere habitarnos y quiere que habitemos en Él.
La Eucaristía para el cristiano no es opcional, el que quiera tener vida eterna debe comer la carne y beber la Sangre. El que come a Jesús tiene ahora la vida eterna, tiene a Cristo, vive con Él. La Eucaristía es también alimento para la resurrección; es un verdadero alimento del alma para que funcione, nos llena de luz. La Eucaristía es el alimento que nos impulsa a caminar, a seguir adelante, nos llena de confianza en el Señor que camina con nosotros. La Eucaristía es un regalo del Padre que junto con su Palabra es alimento de vida que nos llena de confianza para seguir caminando por la vida. Con la comunión le pertenecemos a Cristo y nuestra vida se hace reflejo de la realidad intima de estar en él.
Con mi bendición:
P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.
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Fuente: P. Jaime Palacio
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