El Evangelio (Mt. 14, 22-33) nos presenta, en un primer escenario a Jesús que se retira a solas a orar y lo hace después de haberse enterado de la muerte de Juan Bautista, después de haber acompañado una multitud que le buscaba y de la cual sintió compasión; multitud a la que sació con el pan de su Palabra y con el pan material.
Y Jesús después de haber despachado a la gente y a sus discípulos, quiere estar a solas con su Padre.
La oración se convierte, así como lugar y momento para desahogarse por el dolor de la muerte de Juan; lugar y momento para dejar el cansancio del trabajo del día; lugar y momento para llenarse de vida, de amor y de paz. De la mano del Padre toda la vida se hace más sencilla, desde el Padre todo se mira con amor y con bondad.
Otro escenario de hoy nos hace ver a los discípulos atravesando el lago en medio de un viento que les era contrario. Noche de lucha por llegar a la orilla y seguramente con miedo por lo que puede pasarles. Jesús sale al encuentro, ya es noche. Jesús domina el mar, de hecho, camina sobre sus aguas. Está en Dios, viene de un encuentro con su Padre, vive en Dios. Jesús es el Señor del mar, tiene dominio sobre nuestros miedos. Jesús calma los vientos. Él es brisa suave, él es paz. Con él la barca llegará a lugar seguro. Jesús no es un fantasma. Él es. Es Dios y por eso no hay que tener miedo.
En fe se le descubre y en fe caminamos a su encuentro.
Por de vamos nosotros también venciendo los miedos y dominando lo creado y por fe somos capaces de gritar al Señor que nos salve.
Los miedos nos alejan de Dios. Los miedos nos hunden; los miedos nos hacen gritar. Y Jesús está ahí para ayudarnos, para darnos la mano, para no dejarnos hundir. Jesús es el Hijo de Dios y nuestro caminar por la vida, de su mano, nos debe llenar de fuerzas para seguir el camino. Y aunque pasen los vientos fuertes, los huracanes, las tormentas, Él siempre nos hablará y se nos mostrará en los vientos suaves, su presencia es un murmullo, un arrullo, un toque de amor. Pidámosle al Señor que nos aumente la fe, que caminemos siempre hacia Él sin dudar. Que nos bendiga y aleje los miedos.
Con mi bendición:
P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.
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Fuente: P. Jaime Palacio
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