Salgamos al encuentro del Señor, en Él encontramos todo aquello que necesitamos para ser plenamente felices.
En el Señor encuentran salud y paz nuestros seres queridos en la medida que los pongamos en el corazón de Dios. Todo aquello que nos atormenta, todo lo que nos quita la paz, todo lo que nos ata vamos a entregarlo al Señor y también intercedamos por los seres queridos, que nuestra fe toque la bondad y la compasión de Dios pasa sin excluir por nuestras vidas.
Una mujer que no es del pueblo judío, una mujer a la que alguien le habló acerca de Jesús y las obras que Dios por medio de Él realizaba, una mujer “pagana” que tiene otras creencias y rinde culto a otros dioses, es precisamente la que abre su corazón a Jesús y sale a su encuentro.
La mujer le pide a Jesús que tenga compasión de ella curándole a su hija, liberándola de un espíritu maligno que no le permite ser feliz o vivir en paz. La mujer cananea sabe, por lo que le han dicho de Jesús, que Él la puede liberar y por no eso puede perder la oportunidad de que Jesús haya llegado a su tierra. Es verdad que llega buscando a las ovejas perdidas del redil, que llega motivado por el plan de salvación de Dios a su pueblo, pero también llega para seguir su misión y no puede seguir de largo ante la súplica de una mujer llena de fe.
La mujer pide compasión para ella y la salud para su hija, los discípulos piden a Jesús que escuche a la mujer.
Y la oración de intercesión es escuchada. La fe de la mujer cananea es resaltada por Jesús y es gracia a esta fe que el milagro se realiza. La fe consigue lo que pensamos que es inalcanzable. La fe es la fuerza capaz de arrebatar del corazón de Dios lo que para el ser humano es extraordinario. La fe hace que lo deseado, si es para el bien, sea alcanzable. Salir al encuentro de Jesús, tener claro quién es Él y la misión a la que ha venido. Clamar al Señor con humildad, pero con gran fe, es la dinámica del evangelio que hemos escuchado (Mt. 15, 21-28). Hablar de Jesús, contar sus hazañas, eso hace que mucha gente, se acerque el Señor con gran fe, esperando el bien de quien siempre hace bien todas las cosas.
Dios quiere la salvación de todos y en su Hijo se abre a la súplica confiada de los que creen y piensan diferente, Dios es Padre de todos y por eso ayuda, salva y redime. No es la pertenencia a un pueblo sino la fe la que salva. Disposición de corazón, humildad; pedir, reconocer la pequeñez y la fragilidad son ya el milagro de un Dios que se acerca, que sale a nuestro encuentro.
Con mi bendición:
P. Jaime Alberto Palacio González, ocd
Lo más leído: Las 20 oraciones destacadas en www.oblatos.com
3. 15 minutos en compañía de Jesús sacramentado
4. Oración de una mujer por la salud de su esposo
7. Oración para antes de leer la biblia
8. Oración para antes de un viaje
9. Oración por los padres difuntos
11. Nueve domingos al divino niño Jesús
16. Oración antes de la confesión
18. Oración para antes de tomar una decisión
19. Ave María en varios idiomas
20. Coronilla de la divina misericordia

Fuente: P. Jaime Palacio
Más reflexiones del Padre Jaime Alberto Palacio González, ocd
