Por tu Palabra… Mis amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Bendiciones para el fin de semana, que disfrutemos la alegría de ser familia, que sigamos creciendo en el conocimiento de la Palabra de Dios que ha llegado para transformar […]
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viernes, julio 03, 2020

PARA EL FIN DE SEMANA: FEBRERO 4 DE 2016.

Por tu Palabra…
Mis amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Bendiciones para el fin de semana, que disfrutemos la alegría de ser familia, que sigamos creciendo en el conocimiento de la Palabra de Dios que ha llegado para transformar el corazón y la mente de cada uno.

Jesús hablaba Palabra de Dios. La predicación de la Buena Nueva era su vida, su pasión. Hablaba de lo que sabía, de lo que conocía, de lo que el Padre le permitía revelar. La Palabra de Dios le habitaba; Él mismo era Palabra de Dios hecha carne. El el lugar de la Palabra, del anuncio, es cualquier lugar, la Palabra camina, es Jesús en todos los lugares y en todas las realidades; la semilla, que es la Palabra, debe ser sembrada en todos los sitios sin excluir a nadie, cualquier terreno está llamado a producir.

La Palabra se enseñaba con autoridad y la gente, en cualquier sitio, escuchaba la Palabra. Y es que esa Palabra pronunciada por Jesús traía vida, alegría, sanación, liberación. La Palabra acercaba a la experiencia de Dios y revelaba el rostro del Padre.

La Palabra pronunciada por Jesús tenía la fuerza necesaria para transformar y por eso Jesús anunciaba, enseñaba, hablaba.

Pasaba días y horas enseñando, predicando. Y hablaba a la gente en parábolas y hablaba de la vida y hablaba desde la vida. La Palabra se volvía en un acto de fe en quien la escuchaba y en razón para cambiar y abrirse a la experiencia de Reino de Dios que había llegado.

La Palabra, en mayúscula, se hace palabra en tu palabra; la Palabra de Dios debe seguir encarnándose, tomando realidad; Jesús elige e invita a las personas a que sean de su grupo, que sean discípulos suyos para que vayan a anunciar y a predicar la Palabra. Hombres de Palabra que por la palabra rediman, salven, ayuden, curen y liberen a los demás.

Por la Palabra de Jesús, Simón, echó las redes al mar. Todo, era ilógico. La hora de la pesca, el lugar en el que van a pescar. Ellos han bregado toda la noche, han usado la lógica; ellos saben de pesca y seguramente Jesús no. Pero ahora por la Palabra de Jesús ellos lanzan las redes y comienza la pesca que será el inicio de una nueva vida para los pescadores del lago, una nueva vida que comienza en la Palabra de Jesús y en los signos que ellos ven realizar. Pedro confiando en la Palabra de Jesús echa las redes y la pesca es abundante. La Palabra siempre será un principio esencial en el proceso de cambio. La Palabra de Dios está llena de retos que los humanos debemos acoger más y sobre todo con más fe. La Palabra de Dios debe ser una orden en la vida de los que decidimos militar con Jesús en la causa del Reino.

Ante el milagro de Jesús, ante lo que se estaba viendo. Pedro hace un acto de fe, lo reconoce como Señor, esto es como Dios. Y curiosamente el encuentro con Jesús hace que él se sienta pecador. Ya la vida que Él lleva no lo hace digno de Jesús, así se siente este pescador. Y Jesús aleja los temores, no por pecador Pedro dejará de ser llamado.

Jesús transforma el corazón, la vida. Y nos invita a seguirlo. Jesús está pasando, la Palabra está sembrada en cada uno. Acojamos desde el corazón la Palabra de Dios para que por la misma Palabra, que se hace carne nosotros, sigamos siendo dignos del amor, del Reino y sobre todo perdón. Dejemos que Dios nos siga acogiendo en el Reino que Jesús ha instaurado para la salvación de todos.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.