Solidarios, atentos, abiertos como María. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, de Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo, mi saludo cordial con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que en su amor nos acerca al Padre de bondad y […]
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viernes, julio 03, 2020

PARA EL FIN DE SEMANA: ENERO 14 DE 2016.

Solidarios, atentos, abiertos como María.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, de Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo, mi saludo cordial con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que en su amor nos acerca al Padre de bondad y misericordia.

El próximo domingo san Juan en su Evangelio nos dirá que en Caná Jesús mostró su gloria y lo hizo a través de un signo (Jn.2, 1-11) Los discípulos comienzan a darse cuenta que Jesús es más de lo que ellos piensan y su admiración por Él crece entre ellos. María, la madre de Jesús, sabe que su hijo es mucho más, ella sabe que Jesús es hijo de Dios y entiende las respuestas que éste puede darle en circunstancias concretas; pero también comprende que la misión de Jesús comienza donde hay una necesidad.

Hay una situación urgente en la que María se siente de alguna manera involucrada, ni su corazón ni su conciencia pueden quedarse tranquilos o en paz. Por eso ella que sabe de fe, ella que sabe de lo que Dios es capaz, ella que entiende la misión que el Padre le ha encomendado a su Hijo, intercede.

Pocas palabras pero llegan al corazón de su Hijo. “Ya no tienen vino”… Y Jesús realiza un signo que cambiará la vida de muchos y que alegrará la fiesta de los que saben gozarse de la presencia de Dios.

En la cotidianidad de los días, en el transcurrir de la vida, aunque todo lo tengamos “previsto”, suelen suceder cosas que se nos escapan y que hasta pueden arruinar hermosos momentos; en esos instantes es que necesitamos tener a nuestro lado personas que como María vayan más allá de lo normal, se interesen por nuestras necesidades e intercedan por nosotros. Personas que tomen la iniciativa, que resuelva en lugar de angustiarnos. Estilo de personas como María, debemos ser todos. Solidarios, atentos, abiertos.

Personas que cuando saben quién nos puede ayudar no lo dudan. Prontos para el servicio, preocupados porque todo salga bien y todo dentro de la delicadeza y prudencia de María.

Todos estamos llamados a dar lo mejor, a aprender de esta mujer. Ella nada resuelve pero nos lleva a quien puede hacerlo y lo hace con la confianza plena que ante la necesidad el corazón de su hijo, que ella ama y conoce, se compadecerá. Ella nos invita a escuchar a Jesús y sobre todo nos invita, si queremos salir de la dificultad, a hacer lo que Él nos diga.

María está presente en muchos de los momentos significativos de la comunidad. Al inicio como quien acoge la Palabra, cree y le cree a Dios; en Belén felicitada por los pastores y visitada por muchas personas asumiendo en silencio en acontecer de Dios en su propia vida y en la del mundo; en Jerusalén felicitada y reconocida como madre del Salvador que en corazón vivirá, ella misma, el dolor que tendrá su hijo.

María está en el caminar de Jesús como discípula oyente de la Palabra que no solo escucha sino que también la pone por obra; está en la pasión; está junto a la cruz acompañando y acogiendo a Juan como su discípulo. María madre de la nueva comunidad, de la Iglesia que se alegra por el don del Espíritu que nos da Jesús para que como ella seamos valientes servidores de la Palabra y del Reino.

Seamos también como María con nuestros hermanos, siempre dispuestos al servicio y llevando a Jesús en el ser.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.