REFLEXIÓN PARA EL 20 DE JULIO QUIEN BENDICE SE BENDICE A SÍ MISMO Convéncete de que posees reservas preciosas de energía espiritual. Actúa como si fueras una persona amable y te verás cada vez mas bondadoso. Sé feliz amando a los demás. Bendice a los que te rodean, lo mismo si son justos y bondadosos […]
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domingo, noviembre 18, 2018

REFLEXIÓN PARA EL 20 DE JULIO

REFLEXIÓN PARA EL 20 DE JULIO

QUIEN BENDICE SE BENDICE A SÍ MISMO
Convéncete de que posees reservas preciosas de energía espiritual.
Actúa como si fueras una persona amable y te verás cada vez mas bondadoso.
Sé feliz amando a los demás.
Bendice a los que te rodean, lo mismo si son justos y bondadosos para contigo, que si no lo son.
Por igual, deséales a todos ellos el mayor bienestar y todos los bienes posibles.
Para que superes toda la amargura que te proporcionan tus opositores, deséales a ellos, de corazón, lo mejor de la vida.
Quien bendice, se bendice así mismo.
Tiberio López Fernández

 

EPÍSTOLA DE SANTIAGO

CAPÍTULO  4

CAPÍTULO 4, 1-3

 1 ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones que luchan en vuestros miembros?
2 ¿Codiciáis y no poseéis? Matáis. ¿Envidiáis y no podéis conseguir? Combatís y hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís.
3 Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones.

CAPÍTULO 4, 4-7

 4 ¡Adúlteros!, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que desee ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios.
5 ¿Pensáis que la Escritura dice en vano: Tiene deseos ardientes el espíritu que él ha hecho habitar en nosotros?
6 Más aún, da una gracia mayor; por eso dice: = Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. =
7 Someteos, pues, a Dios; resistid al Diablo y él huirá de vosotros.

CAPÍTULO 4, 8-11

 8 Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Purificaos, pecadores, las manos; limpiad los corazones, hombres irresolutos.
9 Lamentad vuestra miseria, entristeceos y llorad. Que vuestra risa se cambie en llanto y vuestra alegría en tristeza.
10 Humillaos ante el Señor y él os ensalzará.
11 No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano o juzga a su hermano, habla mal de la Ley y juzga a la Ley; y si juzgas a la Ley, ya no eres un cumplidor de la Ley, sino un juez.

CAPÍTULO 4, 12-17

 12 Uno solo es el legislador y juez, que puede salvar o perder. En cambio tú, ¿quién eres para juzgar al prójimo?
13 Ahora bien, vosotros los que decís: «Hoy o mañana iremos a tal ciudad, pasaremos allí el año, negociaremos y ganaremos»;
14 vosotros que no sabéis qué será de vuestra vida el día de mañana... ¡Sois vapor que aparece un momento y después desaparece!
15 En lugar de decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello».
16 Pero ahora os jactáis en vuestra fanfarronería. Toda jactancia de este tipo es mala.
17 Aquel, pues, que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado.

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