miércoles, diciembre 13, 2017

ORACIÓN DEL TENDERO

ORACIÓN DEL TENDERO

ORACIÓN DEL TENDERO

Amado Padre Celestial... Este negocio es tuyo, y yo soy tu servidor, por favor trabaja conmigo hoy, mañana y siempre,que sea la dirección tuya y la abundancia, porque tú eres el mejor gerente y el mejor banquero, maneja nuestros activos y pasivos, cubre nuestras facturas y deudas. Bendice con tu poder este negocio, llena de justicia y sabiduría a este tu servidor, que todo lo que vendamos sea para la honra y gloria Tuya Padre mío, y beneficio para mi familia, empleados y clientes.

Deposito en tus benditas manos nuestras ventas, el éxito y la prosperidad, ya que eres el gerente y el banquero de nuestro negocio, y abunda en amor y prosperidad a nuestros clientes, para que nos puedan comprar, tú lo puedes mi padre Amado, porque así como tú multiplicaste los peces y los panes a través de tu amado hijo Jesucristo y le diste de comer a todo un pueblo por cuarenta años en el desierto, haz que las ventas se multipliquen para bienestar de todos los que dependemos de él. Que todos nos beneficiemos, familia, clientes amigos.

Amado Padre Celestial, bendice y protege éste negocio de la envidia, el egoísmo y las malas influencias, a los que laboramos en él, dadnos un espíritu de actitud positiva y de servicio, que irradiemos amor, tolerancia, paciencia y te alabemos con nuestro servicio y permítenos verlo lleno de prosperidad y abundancia.

Gracias Padre porque siempre oyes nuestras oraciones, confió en Ti mi Padre, Amén

Escrita por: Yolanda Barrantes Suárez

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Santa Sede

ORACIÓN DEL TENDERO