ORACIÓN DEL RELIGIOSO (A) Señor Jesús, Hijo de Dios que con el Padre y el Espíritu Santo, eres proclamado ‘el único santo’, te doy gracias porque me has llamado a la santidad en la vida religiosa. Junto con mis hermanas y hermanos, religiosas y religiosos, me esfuerzo por seguir, de modo más radical, tu palabra: […]
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lunes, octubre 22, 2018

ORACIÓN DEL RELIGIOSO (A)

ORACIÓN DEL RELIGIOSO (A)

ORACIÓN DEL RELIGIOSO (A)
Señor Jesús, Hijo de Dios que con el Padre y el Espíritu Santo, eres proclamado ‘el único santo’, te doy gracias porque me has llamado a la santidad en la vida religiosa. Junto con mis hermanas y hermanos, religiosas y religiosos, me esfuerzo por seguir, de modo más radical, tu palabra: “Busquen primero el Reino de Dios y hacer su voluntad y todo lo demás vendrá por añadidura” (Mateo 6, 33).
En este momento, quiero recordar ante ti, Señor, la tarea que, en tu nombre, me señala la Iglesia: “Manifestar ante todos los hombres que los bienes celestiales se hallan ya presentes en este mundo, testimoniar la vida nueva lograda por la Redención de Cristo y ser una señal de la futura Resurrección y la gloria del Reino celestial” (L.G. 44).
Te pido, Señor de la santidad, que con el alimento de tu Palabra y de tu Cuerpo y Sangre, y en unión con los pastores y los demás religiosos y religiosas y los laicos, participe con generosidad en la misión de la Iglesia, de anunciar tu Buena Nueva.
Dame la gracia de ser fiel al Espíritu que animó los comienzos de mi comunidad religiosa, en especial a su fundador(a) para descubrir tu rostro en los más pobres y desamparados y a ayudarles en la superación de sus problemas y su marginación.
Amén.
Tomado del libro Oremos viviendo el amor y la misericordia de Dios No 3

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Santa Sede

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