miércoles, diciembre 13, 2017

ORACIÓN DEL MÚSICO

ORACIÓN DEL MÚSICO

Señor, Dios Todopoderoso,
Que creaste el cielo
Y la tierra y el mar
Y todo lo que ahí se encuentra,
¡Alabanza, honor y gloria
A tu nombre por siempre!

En ti reside por siempre
La verdad, la santidad,
La gracia y la hermosura.
Esplendor y majestad
Irradian de tu trono,
Fuerza y magnificencia
Adornan tu santuario.

En tu palacio, todo exclama : ¡Gloria!
Tú hiciste todas las cosas bellas,
Y ellas manifiestan
El fulgor de tu grandeza ;
Sus acentos armoniosos
Resuenan en todo el universo.

Al estruendo de tu rayo,
La tierra se pone a temblar;
Pero cuando el viento murmura
A través de los follajes,
Cuando el arroyo parlotea,
Es como un reflejo de tu gracia.
Y cuando los pájaros
Hacen resonar sus cantos
Tan variados y tan melodiosos,
Nosotros percibimos como un eco
La música de tu voz.

Tú has hecho nacer en nuestros corazones
El deseo de celebrarte.
Tú te complaces con nuestras alabanzas
Y tú recibes nuestros cantos.
Tú nos diste la música
Como un medio privilegiado
Para expresar nuestros sentimientos;
¡Gracias por este regalo¡
Nosotros queremos emplearlo
Para cantar tus alabanzas
Y para revelarte
A aquellos que viven sin esperanza.

¡Gracias por los salmos,
Los himnos, los cánticos
Compuestos por nuestros antecesores
Y nuestros contemporáneos !
¡Gracias por los dones musicales
Que tú diste a tu Iglesia.
Concédenos, en tu amor,
usarlos para tu gloria!

Desde la tierra, Señor,
Nosotros queremos unir nuestras alabanzas
A aquellas que hacen resonar
El coro de los millares de ángeles
Que te celebran en el cielo,
Esperando el día glorioso
Cuando entonaremos
El cántico nuevo
En compañía de tus redimidos
De todos los tiempos y todos los lugares
Reunidos delante de ti.

Amén.

(M. Alfred Kuen)

ORACIÓN DEL MÚSICO

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Santa Sede

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