ORACIÓN DEL ESTUDIANTE Señor, mi principal tarea es mi formación como persona. Sin embargo, me aburro. A veces prefiero el juego, la televisión, o simplemente, la <>. Ayúdame a entender que necesito prepararme para la vida. Si la existencia se puede comparar a un campeonato en el mundo y frente al mundo, es claro que […]
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miércoles, octubre 17, 2018

ORACIÓN DEL ESTUDIANTE

ORACIÓN DEL ESTUDIANTE

ORACIÓN DEL ESTUDIANTE

Señor, mi principal tarea es mi formación como persona. Sin embargo, me aburro.

A veces prefiero el juego, la televisión, o simplemente, la <>. Ayúdame a entender que necesito prepararme para la vida.

Si la existencia se puede comparar a un campeonato en el mundo y frente al mundo, es claro que el entrenamiento, duro y exigente, es necesario.

Renunciar al esfuerzo de la formación de mi mente, de mi voluntad, de mi corazón es negarme al futuro, negar mi realización como persona en la comunidad.

Pablo, el apóstol, dijo “En Cristo Dios nos eligió antes de la Creación del mundo para que fuésemos sus hijos adoptivos… para ser su pueblo en alabanza de su gloria” (Efesios 1, 4-5 y 12). Tú, Señor, al ponerme en el mundo, me encomendaste una misión en bien de toda la humanidad, misión que sólo yo puedo y debo realizar.

Sin mí el cosmos perdería algo de su plenitud y perfección. Ayúdame, Señor, a descubrir mi vocación como ser humano <<único e irrepetible>>.

Que al conocer las maravillas de la naturaleza y las posibilidades de la técnica y de la ciencia, reconozca tu sabiduría como Creador y tu amor como generoso Padre.

Entonces, me esforzaré, por medio del estudio y el aprendizaje, en ser instrumento apto de tu bondad en medio de mis prójimos. Colaboraré con ellos en hacer de este mundo <> habitable por la convivencia, la solidaridad, el respeto y la promoción de la dignidad y de los derechos y deberes de todos.

Tomado del libro Oremos viviendo el amor y la misericordia de Dios No 3

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Santa Sede

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