ORACIÓN DEL AGUA “Alabado seas mi Señor por la Hermana Agua, la cual es muy útil, y humilde, y preciosa y casta.” Así como San Francisco oró lleno de gratitud por la Hermana Agua, así nosotros oramos agradecidos por su generosidad para sostener la vida. Oh agua, en tu misteriosa belleza haces florecer al desierto. […]
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martes, diciembre 18, 2018

ORACIÓN DEL AGUA

ORACIÓN DEL AGUA

ORACIÓN DEL AGUA

“Alabado seas mi Señor por la Hermana Agua, la cual es muy útil, y humilde, y preciosa y casta.”

Así como San Francisco oró lleno de gratitud por la Hermana Agua, así nosotros oramos agradecidos por su generosidad para sostener la vida.

Oh agua, en tu misteriosa belleza haces florecer al desierto.

Una minúscula gota, reunida con miles de gotas,
riega las semillas y las futuras cosechas para alimentarnos nosotros y todas las criaturas.

Una minúscula gota multiplicada,
sacia nuestra ardiente sed.

Más de tres cuartas partes de nuestros cuerpos,
como el cuerpo de la tierra, son de agua.
Somos gente de agua.
Somos un planeta de agua.

Oh Dios compasivo,
que con tu divino soplo sobre las aguas creaste cuanto existe,
te pedimos perdón por nuestro uso negligente del agua,
por nuestras actitudes que no la respetan y la contaminan,
y te suplicamos nos concedas sabiduría para conservarla y cuidarla.

En este tiempo de sequías,
así como esperamos y buscamos el regalo de la lluvia sobre la tierra,
esperamos también la lluvia de la gracia sobre nuestras almas.

Ven en nuestra ayuda y
libéranos del odio, la codicia, el temor,
y nuestra falta de amor hacia tus dones sobre la tierra.
Transfórmanos en ríos de agua viva,
de modo que a nuestro paso reverdezca la vida,
la esperanza y el amor por la tierra y por todas las personas.

Todo esto te lo pedimos a ti,
Dios Creador, fuente de la Gracia,
por Jesucristo, Palabra Eterna,
y el Espíritu, Manantial de Sabiduría. AMÉN.

Autor:

Joan Brown, OFS, Servicio Ecológico en la Oficina de Justicia Social, Arquidiócesis de Santa Fe

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Santa Sede

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