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sábado, julio 21, 2018

ORACIÓN DE UNA MUJER POR EL CARIÑO DE SU ESPOSO

ORACIÓN DE UNA MUJER POR EL CARIÑO DE SU ESPOSO

ORACIÓN DE UNA MUJER POR EL CARIÑO DE SU ESPOSO

Señor, oro por un afecto físico abierto entre mi esposo y yo. Capacítanos a cada uno para dejar a un lado el estar consciente de uno mismo o apatía y ser efusivos en nuestra demostración de amor.

Ayúdanos a demostrar cuánto nos preocupamos y valoramos el uno al otro.

Ayúdanos a no ser fríos, poco expresivos, sin interés o distantes.

Capacítanos para ser cálidos, tiernos, compasivos, amorosos y aduladores.

Rompe cualquier testarudez de nuestra parte que rehúse cambiar o crecer.

Si uno de nosotros es menos cariñoso para el detrimento del otro, llámanos a establecer un equilibrio.

Donde cualquier falta de cariño haya plantado en nuestros hijos, un punto de vista negativo sobre el matrimonio o les haya enseñado alguna forma incorrecta de relacionarse con su compañero en el matrimonio, ayúdanos a modelar la forma correcta para que ellos la puedan observar. Muéstranos cómo confesarles con franqueza nuestros errores y demostrar nuestro compromiso de vivir de forma diferente.

Cambia nuestros hábitos de indiferencia y mucha ocupación y si no sabemos valorarnos el uno al otro que no dejemos de hacer el esfuerzo de extender la mano y tocarnos mutuamente con cariño.

Ayúdanos a no debilitar el matrimonio con falta de cuidado de estos medios vitales de comunicación.

Oro para que siempre “nos saludemos los unos a los otros con un beso de amor fraternal” (1 Pedro 5:14)

Yo sé que sólo el poder transformador del Espíritu Santo puede hacer cambios que perduren. Yo confío que tú nos transformes y nos hagas el esposo y la esposa que nos has llamado a ser.

AMEN

Fuente: https://www.facebook.com/notes/la-esposa-que-ora/orando-por-tu-esposo/595057390546167

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Santa Sede

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