ORACIÓN DE LOS ENFERMOS DE ALZHEIMER Ora por mí, yo fui como tú. Se amable y cariñoso conmigo trátame bien como yo te hubiera tratado. ¿Recuerdas que una vez fui padre y esposo? Yo tenía una vida y un sueño para el futuro. Háblame, te oigo, incluso si no entiendo lo que estás diciendo. Háblame […]
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miércoles, octubre 17, 2018

ORACIÓN DE LOS ENFERMOS DE ALZHEIMER

ORACIÓN DE LOS ENFERMOS DE ALZHEIMER

ORACIÓN DE LOS ENFERMOS DE ALZHEIMER

Ora por mí, yo fui como tú.

Se amable y cariñoso conmigo trátame bien como yo te hubiera tratado.

¿Recuerdas que una vez fui padre y esposo?

Yo tenía una vida y un sueño para el futuro.

Háblame, te oigo, incluso si no entiendo lo que estás diciendo.

Háblame de las cosas de mi pasado, de las cuales todavía se pueden relacionar.

Sé considerado conmigo, mis días son una lucha.

Piensa en mis sentimientos, porque todavía los tengo, y puedo sentir dolor.

Trátame con respeto porque yo los lo hubiera tratado de esa manera.

Piensa en cómo era yo antes de que llegara la enfermedad de Alzheimer, estaba lleno de vida, yo tenía una vida, te hice reír y te amé.

Piensa en cómo estoy ahora, Mi enfermedad distorsiona mi forma de pensar, mis sentimientos y mi capacidad de respuesta, pero yo aún te amo incluso si no puedo decírtelo.

Medita acerca de mi futuro porque también tengo uno.

Recuerdo que estaba lleno de esperanza para el futuro al igual que hoy.

Piensa en cómo sería tener las cosas bajo llave en tu mente y no poder dejarlos salir.

Necesito que me entiendan y no me culpes, por la enfermedad de Alzheimer.

Todavía necesito de compasión y, sobre todo, todavía necesito que me ames.

Mantenme en tus oraciones porque estoy entre la vida y la muerte.

El amor te hará ser una bendición de Dios y los dos viviremos para siempre.

Vive en amor y lo que hagas hoy será recordado siempre en el corazón de los pacientes de Alzheimer.

Escrito por Carolyn

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Santa Sede

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