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sábado, julio 21, 2018

ORACIÓN DEL VETERINARIO

ORACIÓN DEL VETERINARIO

ORACIÓN DEL VETERINARIO

Dios y creador nuestro permíteme practicar de forma correcta y aplicada la medicina veterinaria.

Inspírame caridad y amor para todos mis enfermos y dame la paciencia de entender su sufrimiento, aun cuando ellos no puedan expresarlo en palabras.

No me des la oportunidad de sentirme superior a ellos, más bien dame la oportunidad de serles útil.

Señor aligera mi sueño para poder atender los llamados de aquel poseedor de una mascota en peligro de morir.

Toca mi corazón para que comprenda la preocupación de aquella persona angustiada por salvar aquella mascota que tanto ama.

Señor dame entereza para atender con la misma vocación de servicio a aquel que te niega, como al que todo espera de ti.

Enséñame señor que el servicio esta primero, ante toda aquella vanidad de lujo.

No permitas que la envidia hacia mis compañeros de profesión me invada, sino más bien me sirva como un estímulo de superación.

Dame la capacidad de dar el mismo servicio a quien pueda pagar con largueza mi trabajo, como a quien apenas pueda dar de comer a su mascota.

No des más de lo que como médico pueda manejar, para que siempre este presto al llamado del deber.

Y tu señor como el médico del mundo infunde en mi toda tu sabiduría, mas no dejes que me sienta dios.

Permite señor que al extender una receta todos mis sentidos estén alertas para prescribir lo que verdaderamente sea útil para devolver la salud a mis pacientes.

Te pido que evites que cometa errores en mi trabajo y haz que pueda devolver la salud a quien tus designios así lo permitan.

Permite que la fe que tú nos has enseñado sea quien cumpla con tu promesa.

Haz que confíen en mí y sigan mis instrucciones y no hagan caso de charlatanes, amigos y parientes que dan consejos erróneos que dañan la salud de mis pacientes.

Señor permíteme el tiempo de ejercer mi profesión hacerlo con prontitud y amor para recibir el justo pago a mi esfuerzo y dedicación.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Santa Sede

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