CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

Homilía septiembre 13 de 2026

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS
HOMILÍA PARA EL DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – SEPTIEMBRE 13 DE 2026
Ecl 27,30-28,7;Sal 102; Rom 14,7-9; Mt 18,21-35

Queridos hermanos en los Corazones Santísimos de Jesús y María.

Hace algunos días a través de encuentros que habitualmente hago con los padres oblatos en los diferentes conventos, traté un tema que lleva por nombre “oblación, propósito superior de vida” y, en algunas de las consideraciones traía a colación el hecho de no pensar solamente en el aquí y en el ahora, ni tampoco en acontecimientos puntuales que tienen que ver con logros u objetivos alcanzados, por ejemplo, el paso de una etapa a otra, la toma del hábito, la primera profesión religiosa, la emisión perpetua, el diaconado, el presbiterado, la asignación de una responsabilidad pastoral, el reconocimiento por parte de mucha gente, la ostentación de ministerios importantes, un cierto estado de bienestar, logros académicos, entre otros.

El propósito superior de la vida

Lo decía porque los elementos de la lista antes mencionada resultan de algún modo pasajeros, importantes, pero no definitivos, lo cual quiere decir que, el interrogante para un oblato sobre ¿Cuál es su propósito superior de vida? resulta pertinente, esencial y siempre actual. La respuesta a esta inquietud es de carácter “eternal” diría San Ignacio, y claro, contiene la realización personal más allá de la profesional y la felicidad más allá de aspectos relacionados con una labor exitosa, lo cual significa en palabras del Venerable Padre Matovelle, la santidad, entendida como el acto mismo de hacer la voluntad de Dios que supera el aquí y el ahora en busca de un horizonte existencial cuyo destino es el cielo, es decir el “estar con Dios” para siempre que, desde luego, no puede obviar lo terrenal de la vida y la historia.

Piensa en tu final y deja de odiar

Sobre lo mencionado anteriormente, resulta iluminadora la primera lectura de hoy tomada del libro del Eclesiástico, me refiero a la invitación de: “Piensa en tu final y deja de odiar”, que en el contexto que venimos tratando significaría un claro llamado de atención de sobreponer lo esencial por encima de lo accesorio, de lo permanente sobre lo efímero, de lo eternal sobre lo eminentemente terrenal, de propósitos duraderos sobre metas a conquistar a corto y a mediano plazo, de la oblación como “salida de sí” sobre el egoísmo, de la santidad sobre la mundanidad espiritual.

Desde esta perspectiva, “pensar en el final” implica pensar en la vida de cada día con sentido trascendental adicionándole una pregunta “¿para qué?”, lleva consigo también pensar no solo en la historia personal, sino en su impacto en el prójimo que puede ser positivo o negativo; por supuesto, implica considerar la condición frágil de la vida con consecuencias contingentes versus lo que permanece como una ofrenda para Dios.

El mandamiento del amor

En una palabra, lo que se ha de posicionar en la vida del creyente que “piensa en el final” ha de ser la puesta en práctica del mandamiento del amor, entendido este, como el bien que se ha hecho al hermano, es decir la concreción de las acciones más humanas de Jesús en la cotidianidad de la vida, tal vez esto permita pensar en la “divinización” del hombre que busca la santificación, tal es el propósito superior de vida de quien por el bautismo se convirtió un día  en discípulo misionero del Señor Jesús al servicio del Reino.

El amor y el perdón

Como se puede notar y siguiendo la lógica de la expresión del libro del Eclesiástico no hay espacio para odiar, de aquí se sigue la comprensión del evangelio de hoy en el capítulo 18 cuando Jesús hablando del perdón, pide hacerlo siempre bajo el entendido de que sólo aquel que ama es capaz de perdonar; a este respecto resuena en mi corazón la máxima del Padre Fundador de Oblatos y Oblatas: “El amor de Dios es el que siempre quiere dar y nunca dice basta”, posiblemente el sentido profundo de esta expresión sea el perdón incondicional fruto del amor por lo que una vez más vale la pena acentuar que no hay resquicio para el odio, el resentimiento, la revancha, la venganza y la muerte del hermano.     

Para terminar, resulta útil con san Pablo en la segunda lectura afirmar que, quien ha entendido su propósito superior de vida desde la lógica del amor en clave de santidad ya no “vive para sí mismo, sino para el Señor”, este es el verdadero sentido de la vida cristiana.

Pidamos pues al Corazón Inmaculado de María su acompañamiento maternal para mantenernos firmes en la fe, la esperanza y la caridad, lo cual significa estar vigilantes para amar y perdonar por encima de todo sentimiento adverso a las enseñanzas de su Hijo Jesucristo.

P. Ernesto León D. o.cc.ss
Superior General de Oblatos.


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1. Jesús en ti confío

2. Oración a la Santa Cruz

3. 15 minutos en compañía de Jesús sacramentado

4. Oración de una mujer por la salud de su esposo

5. Padre Nuestro

6. Plegaria de la mañana

7. Oración para antes de leer la biblia

8. Oración para antes de un viaje

9. Oración por los padres difuntos

10. Oración de la noche

11. Nueve domingos al divino niño Jesús

12. Novena del trabajo

13. El Magnificat

14. Oración por los hijos

15. Oración de cumpleaños

16. Oración antes de la confesión

17. Alma de Cristo

18. Oración para antes de tomar una decisión

19. Ave María en varios idiomas

20. Coronilla de la divina misericordia

Homilía septiembre 13 de 2026

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