CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

Homilía octubre 4 de 2026

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS
HOMILÍA PARA EL DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – OCT 4 DE 2026
Isaías 5,1-7; Salmo 79; Filipenses 4,6-9; Mateo 21, 33-43

Queridos hermanos en los Corazones Santísimos de Jesús y María.

Llama la atención especialmente un detalle del evangelio de hoy, se trata de una acción por parte de los viñadores homicidas

La Palabra lo señala así: “Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron”, algo semejante ocurrió en el pasaje de san Lucas 4,29, solo que aquí quienes intentaban despeñarlo eran los jefes del pueblo, oigamos al autor sagrado: “Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantándose, lo echaron fuera de la ciudad, y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle”, finalmente, es sonoro el relato de Mc 5,16-20: “Y les contaron los que lo habían visto, qué le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. Y comenzaron a rogarle que se fuera de su comarca”.

Estos tres relatos tienen en común el desprecio que tuvo que experimentar el Señor, en el fondo, no refleja otra situación sino la incomodidad que Él podía causar en el corazón de la gente; en términos prácticos, sacarlo de la viña, significa sacarlo de nuestra vida porque nos es perjudicial, porque su Palabra nos es incómoda, en síntesis, porque su mensaje para algunos de nosotros es como “espada de doble filo” (Hb 4,12), que nos interroga, nos cuestiona y nos hace tambalear en medio de nuestras “verdades”.

Los viñadores homicidas al agarrarlo, matarlo y echarlo fuera de la viña revelan los acontecimientos que sufrió Jesús en su pasión

Fue crucificado fuera de las murallas de Jerusalén y ahí murió por todos, ahí se incluyen los que le quitaron la vida, al fin y al cabo en la Cruz la oblación fue por amor y el amor no conoce diferencias cuando es auténtico, en este sentido el amor superó al dolor, bien diría el V.P. Matovelle: “El dolor de esta lanzada fue todo del Corazón de María; en este misterio como nunca se nos dan unidos, en una forma indivisible, los dos Sacratísimos Corazones.

Cuando el amor es excesivo vuelve insensible al amante: el divino Jesús se había dormido ya en la cruz, en su tálamo nupcial, embriagado de amor, y por esto ya no le fue doloroso el paso más sacrílego, más cruel y más ferino de la Pasión: la lanzada del Costado. Para manifestar que aún, cuando Cristo había muerto, su Corazón estaba vivo, con la vida no ya del alma, sino del Verbo divino, al cual permanecía hipostáticamente unido, manó de él, sangre fresca y agua divina”. (O. C. T.I, V. I. p.44).

Por lo anterior, es necesario afirmar que, la nublada comprensión del amor del Señor para con nosotros nos lleva a expulsarlo de nuestra vida, y a la manera de los viñadores matamos su presencia en nuestro acontecer diario.

Su Palabra no nos interesa, tampoco su voluntad, su acción en nosotros nos incomoda, sus planes no son los nuestros, y por este mismo sendero, como los jefes del pueblo despeñamos a Jesús porque no nos conviene, porque obstaculiza el ritmo de nuestra vida, porque queremos tener el control de lo que somos y hacemos, porque queremos seguir siendo los señores de nuestros horizontes personales sin contar con Él, porque queremos gobernarnos y gobernar a los demás desde nuestras propias convicciones, inteligencia y conocimiento del mundo, en fin, porque “anhelamos ser nosotros mismos sin permitirle a Él ser en nosotros”. 

Y como si esto no fuera suficiente, ciegos de la bondad de Dios para con nosotros a través de su Hijo Jesucristo, le rogamos que se marche de la comarca de nuestra existencia igual que la gente que había sido destinaria de la tranquilidad que les ofreció al haber liberado al hombre azotado por la presencia del mal.

Nosotros como ellos hemos recibido del Señor inmensos beneficios

Y sin embargo, le hemos correspondido con desprecio, en muchas circunstancias su bendición ha sido evidente en el camino de nuestras vida, su amor no nos ha faltado así como su perdón y su misericordia, su mano nos ha levantado y nos ha bendecido, su presencia nos ha acompañado siempre y enceguecidos por nuestro orgullo no lo hemos notado, lastimosamente a la manera de lo que muestra el evangelio de hoy, hemos sido los arquitectos de nuestro propio destino desechando la piedra angular que lo sostiene todo: Jesucristo.

Llegados a este punto, nos quedan tres compromisos, el primero, reconocer que el Señor es el dueño de nuestra viña y que estamos llamados a dar fruto abundante en razón de los talentos con los que Él adornó nuestra vida; el segundo, que con un corazón arrepentido y conscientes de que en múltiples situaciones hemos expulsado al Señor de nuestra comarca personal, familiar, empresarial y social le digamos hoy con el salmista: “Dios del universo, vuélvete; mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, cuida la cepa que tu diestra plantó, y al Hijo del hombre que tú has fortalecido, no nos alejaremos de ti, danos vida”; y tercero, que no defraudemos más al Señor porque al decir del Isaías en la primera lectura, “Dios esperaba que diésemos uvas, pero dimos agrazones”.

Al Corazón Inmaculado de María le suplicamos en este día que nos permita ser buenos trabajadores en la viña del Señor, anunciando su Reino con actos de justicia y paz.

P. Ernesto León D. o.cc.ss
Superior General de Oblatos.


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16. Oración antes de la confesión

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19. Ave María en varios idiomas

20. Coronilla de la divina misericordia

 
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