CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

Homilía agosto 30 de 2026

Congregación de Misioneros Oblatos de los Corazones Santísimos
Homilía para el XXII domingo del tiempo ordinario – Ciclo A – Agosto 30/26
Jr 20,7-9; Salmo 62; Rom 12,1-2, Mt 16,21-27

Queridos hermanos en los Corazones Santísimos de Jesús y María.

La segunda lectura del apóstol Pablo sitúa la reflexión de este domingo en la profundidad de lo que significa la vida cristiana, esto es “ser para los demás a imagen de Dios”, lo cual lleva consigo la comprensión de ser ofrenda, regalo, don y oblación para los otros, en definitiva, no se entiende a un discípulo de Cristo encerrado en sí mismo sin la acción en salida de darse o gastarse por el prójimo.

Esta condición la vivió Jesús con creces y se puede evidenciar en su proximidad al pobre, al necesitado, a los niños, a las viudas, a la prostituta, a los pecadores, a los más débiles, y también a aquellos que no pensaban como él y no aceptaban su estilo de vida, ¿cuál? “ser para los demás”, en razón de lo manifestado, es factible entender el concepto de Jesús como “el proexistente”, es decir, aquél que venció el egoísmo y se volvió solidaridad con los otros, derrotó su ensimismamiento para ponerse en la lógica del desasimiento para “ser para los demás” y “ser en los demás”, aquél que convertido en pan se partió y se compartió a los suyos como salida de sí, consumación y ofrenda: Tal es la dinámica de la vida cristiana.

Dinámica de la vida cristiana.

Esta dinámica que corresponde a lo más íntimo del carisma oblato conduce a la identidad de Cristo que ante todo es ofrecimiento, donación y ágape y que en palabras del apóstol de los gentiles es un imperativo para el discipulado auténtico: “Ofreced vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual”. Lo contrario a lo dicho es la “mentalidad del mundo” que para Pablo es encerramiento, culto al egoísmo humano e idolatría de lo vano, en este escenario no es posible el discernimiento para encontrar la voluntad de Dios, como tampoco es viable hechos concretos que resulten “buenos, agradables y perfectos”.

Estas últimas características están en correspondencia con la vida de Cristo – oblación y con el pensamiento de Dios, al respecto resultan relevantes las palabras del Señor a Pedro en el evangelio de hoy: “Tú piensas como los hombres, no como Dios”, la mentalidad de Pedro en ese momento era la que se había acomodado a un cierto status y confort, a la seducción del poder y al alago de la gente a su alrededor olvidando lo esencial de la mentalidad del discípulo que ante todo es ofrecimiento, proexistencia, ser para los demás, salida de sí, caridad y sacrificio.

La Eucaristía y la Cruz

Por lo mencionado y para un mayor entendimiento de lo que propone San Pablo en el culto espiritual y para una mejor comprensión del anuncio de Jesús hoy de ir a Jerusalén para sufrir, padecer, morir y resucitar al tercer día, es importante considerar dos acontecimientos en los que Jesús hizo de su vida una perfecta oblación, es decir, un acto de entrega definitivo que se convirtió en tarea para quienes decidieron seguirlo en el entonces y en el ahora, por una parte la Última Cena – La Eucaristía y por otra parte, la Cruz.

En la primera, Jesús hizo de su vida un sacrificio incruento, no hubo derramamiento de sangre, pero sí con las palabras “tomen mi cuerpo, cómanlo” y “tomen mi sangre, bébanla” consumó su entrega a los hombres por amor en la perspectiva de “ser para los demás” y en la segunda, hizo de su vida un sacrificio cruento en el que no se guardó nada para sí, al contrario, se donó absolutamente hasta el extremo de la muerte confirmando de esta forma su entrega generosa al mundo por amor de Dios, esto se confirma en Juan 10, 18-20: “Nadie me quita la vida, yo la doy por mi propia voluntad”.

Conclusión

A manera de conclusión de lo manifestado hasta aquí, es menester mencionar tres asuntos, 1.- La vida de Cristo es oblación pura, inmaculada y santa para Dios por amor al hombre lo cual significa “ser para los demás”; 2.- La vida del creyente si no está atravesada por la dinámica de la entrega, el servicio y la ayuda al prójimo sin eximirse del sacrificio, es puro egoísmo y nunca será un culto espiritual y agradable a Dios; y 3.- Pensar como los hombres conduce a un ensimismamiento estéril y pensar como Dios remite a la proexistencia como oblación, camino claro para la santificación.

Que la Palabra del Señor sea acogida hoy por la humanidad a ejemplo del Corazón Inmaculado de María, esto es con generosidad, apertura y disponibilidad para que se haga la voluntad de Dios.

P. Ernesto León D. o.cc.ss
Superior General de Oblatos.


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Homilía agosto 30 de 2026

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