CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

Homilía octubre 18 de 2026

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS
DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A. 18/OCTUBRE/26
Is 45,1. 4-6; Sal 95; 1Tes 1,1-5b; Mt 22,15-21

Queridos hermanos en los Corazones Santísimos de Jesús y María.

Nuestra atención se centra en este domingo en la segunda lectura, se trata de un triple movimiento en el sentido de las palabras que san Pablo dirige a los hermanos de Tesalónica y que, de alguna manera hoy han de resonar en nuestra vida en forma de interrogantes que más adelante se plantearán.

Virtud de la fe

El primer movimiento tiene que ver con la oración y fundamentalmente con la virtud de la fe; el apóstol de los gentiles lo manifiesta así: “Sin cesar recordamos ante Dios nuestro Padre la actividad de vuestra fe” esto significa dos asuntos esenciales, en primer lugar, la importancia de la oración de san Pablo por su comunidad, lo cual sugiere algunas inquietudes, ¿papá y mamá oran por sus hijos? ¿los hijos a su vez oran por sus padres? ¿los empleadores oran por sus colaboradores y viceversa? ¿los profesores oran por sus estudiantes?

Y así, las preguntas podrían multiplicarse; sin embargo, el mensaje es orar los unos por los otros sin desfallecer y se trata de una oración de acción de gracias, intercesión, perdón, súplica u ofrecimiento, en síntesis, así como Jesús oraba por los suyos que nosotros oremos por los nuestros en toda circunstancia, esta es un forma de corresponsabilidad por todo el bien que hemos recibido de muchas personas que incluso no conocemos, y la razón es esta, la oración nos hermana y hace que nuestro corazón sea siempre grato con Dios y los hermanos.

La fe en la vida de los tesalonicenses

En segundo lugar, la fe evidenciada por el apóstol en la vida de los tesalonicenses conduce a la pregunta, ¿por qué Pablo alabó la fe de esta comunidad? y la posible respuesta entre otras es porque sus actos mostraban a Dios así como sus palabras y esto porque habían comprendido lo que significa el concepto fe que, en el fondo tiene que ver con adherir nuestra vida incondicionalmente a Jesucristo y esto fue lo que ocurrió en la comunidad de la que venimos hablando. Por esta lógica pedirle al Señor el don de la fe es fundamental, pues sin ella difícilmente nuestra vida podría estar unida a la de Cristo y por esta vía, jamás nos mostraríamos como sus testigos ante el mundo.

Virtud de la caridad

Ahora bien, el segundo movimiento tiene que ver con que san Pablo alaba en los tesalonicenses la virtud de la caridad y lo dice así: “Recordamos ante Dios el esfuerzo de vuestro amor”, esta condición es central en la vida cristiana porque en resumen ella consiste en amar y más amar en sintonía del mandamiento nuevo que el Señor nos dejó, esto es amar a Dios, a los hermanos y a nosotros mismos.

Así las cosas, el dinamismo en la comunidad de Tesalónica tuvo como fuente el amor, de él nació el compartir fraterno, el fuego en el anuncio del evangelio, las colectas para las obras de los apóstoles, la ayuda de los unos para con los otros, y esencialmente, del amor se produjo no solo el dar sino el darse, esto corresponde a la oblación más profunda que el creyente puede hacer a Dios y al prójimo, en definitiva, sin amor no es posible salir hacia los demás, sin amor no es posible el hermanamiento mutuo, sin amor no existe desasimiento para ser en los otros, en lo más hondo de esta reflexión, diría el Venerable Padre Matovelle: “En las sociedades donde no hay amor reina el egoísmo”.

Virtud de la esperanza

El tercer movimiento alude a una virtud que es alimento en el camino del creyente, oigamos al apóstol: “Recordamos ante Dios la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor”, en efecto los tesalonicenses aún contando con la ausencia de Pablo siguieron adelante tomados de la mano del Señor, desde luego, hubo confusiones aún en el campo doctrinal y sin embargo, la docilidad para aceptar la verdad de Jesucristo fue enorme.

Hubo discordias en cuestiones atinentes a la fe, no obstante, centrados en la persona de Jesucristo fueron capaces de configurarse con Él como sus testigos; a la postre, convertidos en testigos de esperanza fueron anunciadores de alegría, de entusiasmo y empuje con su vida misma, así pues, vale la pena interrogarnos sobre el sentido de la esperanza en nuestro acontecer diario, ¿en quién esperamos? ¿en quién confiamos? ¿por qué mis actos y palabras no son un canto de esperanza? ¿por qué no le creo a la palabra proclamada hoy en la primera lectura de Isaías: “Yo te he tomado de la mano para doblegar a las naciones”? ¿por qué llenos de temor no le contamos al mundo las maravillas que el Señor ha hecho en nuestra vida?, tal es el sentido del salmo 95.

Comprometidos ahora como creyentes en la edificación de nuestra vida sobre los cimientos de la fe, la esperanza y la caridad estaremos en la capacidad de darle a Dios lo que es de Dios y de darle al César lo que es del César, es decir nuestra vida convertida en oblación agradable para aquél que es el dueño de la misma.

Al Corazón Inmaculado de María le confiamos nuestros pasos.

P. Ernesto León D. o.cc.ss
Superior General de Oblatos.


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2. Oración a la Santa Cruz

3. 15 minutos en compañía de Jesús sacramentado

4. Oración de una mujer por la salud de su esposo

5. Padre Nuestro

6. Plegaria de la mañana

7. Oración para antes de leer la biblia

8. Oración para antes de un viaje

9. Oración por los padres difuntos

10. Oración de la noche

11. Nueve domingos al divino niño Jesús

12. Novena del trabajo

13. El Magnificat

14. Oración por los hijos

15. Oración de cumpleaños

16. Oración antes de la confesión

17. Alma de Cristo

18. Oración para antes de tomar una decisión

19. Ave María en varios idiomas

20. Coronilla de la divina misericordia

Homilía octubre 18 de 2026

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