CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

Homilía septiembre 27 de 2026

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS
HOMILÍA PARA EL DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – SEPTIEMBRE 27 DE 2026
Ezequiel 18,25-28; Salmo 24; Filipenses 2,1-11; Mateo 21, 28-32

Queridos hermanos en los Corazones Santísimos de Jesús y María.

La palabra del Señor hoy nos pone en tensión, pues revela el proceder del hombre y al mismo tiempo nos descubre el proceder de Dios; pero esta tensión tiene un punto de llegada y es la manera de ser, hacer y pensar del hombre alineada con la de Dios, no en vano San Pablo en la segunda lectura dice: “Tened los mismos sentimientos de Cristo” (Fil 2,1-11) y aquí el concepto “sentimientos” traduce esencialmente una forma de obrar humana cuya inspiración ha de ser la vida del Hijo de Dios en sus dos facetas, la vida oculta y la vida pública, la primera, entendida como la preparación en obediencia sobre su condición humana y divina y, la segunda, como el anuncio del Reino desde el amor manifestado en su actuar que a todas luces reveló el nombre de Dios que, al decir del Papa Benedicto XVI, es misericordia.

Centrémonos por un momento en la primera lectura y establezcamos el proceder del hombre en boca de Ezequiel

Se trata de un proceder injusto, aunque no siempre, porque es indudable que muchas personas hacen de su vida un himno al amor de Dios en función de los demás; sin embargo, hay otras que, su actuar denota maldad y muerte; el profeta para aclarar esta idea habla del hombre malvado y, su maldad consiste en el encerramiento en sí mismo, que lo conduce según san Pablo a obrar por rivalidad, ostentación sin buscar el bien de los demás; tal vez, los mejores términos para referirnos a este tipo de ser sea el orgullo y la soberbia que, en el fondo son la clara evidencia de lo acontecido en el relato de la Torre de Babel, es decir, la tentación frecuente que circunda el corazón del hombre, en donde infeliz de sí, anhela ser Dios.

Tal tentación es lo que configura el pecado estructural de la humanidad representado en distintos rostros, la guerra no solamente entre países sino al interior de las familias

Los gestos inmisericordes ante el que sufre, el abismo que separa a pobres y a ricos, la sed de venganza, la confrontación de las palabras como extensión de lo que históricamente se ha hecho con las armas; los resentimientos que causan tristeza profunda en las entrañas de los hombres, la ausencia del diálogo constructivo que produce el silencio de la muerte y la discordia; el no ser capaces de honrar la palabra diciendo si cuando en realidad es un no y viceversa; en síntesis, sobreponer nuestra voluntad humana a la de Dios es lo que contribuye al mal social.   

La justicia

Ahora bien, hablando del proceder de Dios, hay una expresión con la cual lo designa el profeta Ezequiel, y es la justicia, que trasciende la connotación jurídica, y que por lo tanto se concreta en el mandamiento del amor que tiene que ver fundamentalmente con hacer el bien a lo demás a la manera de Jesús, quien a diferencia de nosotros que anhelamos ser dioses.

Él siendo de condición divina se hizo hombre entre los hombres, de tal forma que sin dejar de ser Dios fue el perfectamente humano con entrañas divinas, así pues, sus gestos en su proceder fueron un cántico de humildad con los pobres mientras los enriquecía con su pobreza, fue Jesús el Sanador Herido el que se convirtió en salud para los enfermos, fue el Crucificado Resucitado alivio para los agobiados por su vida y sus comportamientos, fue el cireneo fuerza para el cansado y a la manera de lo que enseña el prólogo según el evangelio de San Juan, fue palabra creadora para las personas encorvadas de su tiempo, encorvadas por la desesperanza, la tristeza, el sin sentido de la vida, la amargura y la ansiedad.

Enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, acuérdate de mí con misericordia

Este proceder divino es para nosotros hoy una clara invitación a cuestionarnos sobre nuestro proceder humano y determinar sinceramente con San Pablo que mientras contemplamos a Jesús en su abajamiento, en su vaciamiento y en su desasimiento, algunos de nosotros en contravía de lo mencionado nos elevamos, nos sentimos capataces, nos creemos “dios” con minúscula para los demás.  

Si lo anteriormente mencionado es así, hagamos nuestras las palabras del salmista: “Enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, acuérdate de mí con misericordia”, posiblemente estas plegarias nos hagan entender que mientras Jesús se arrodilló ante los apóstoles para lavarles los pies y besárselos, nosotros queriendo ser dioses deseamos que los demás se arrodillen ante nosotros para que nos besen los pies.

Al Corazón Inmaculado de María le suplicamos que nos ayude a ser más humanos y que con la intercesión del Venerable Padre Matovelle, afirmemos con convicción: “Si deseáis buscar una corona, que sea la corona de espinas”.

P. Ernesto León D. o.cc.ss
Superior General de Oblatos.


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2. Oración a la Santa Cruz

3. 15 minutos en compañía de Jesús sacramentado

4. Oración de una mujer por la salud de su esposo

5. Padre Nuestro

6. Plegaria de la mañana

7. Oración para antes de leer la biblia

8. Oración para antes de un viaje

9. Oración por los padres difuntos

10. Oración de la noche

11. Nueve domingos al divino niño Jesús

12. Novena del trabajo

13. El Magnificat

14. Oración por los hijos

15. Oración de cumpleaños

16. Oración antes de la confesión

17. Alma de Cristo

18. Oración para antes de tomar una decisión

19. Ave María en varios idiomas

20. Coronilla de la divina misericordia

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