ORACIÓN DEL LOCUTOR Oración del locutor: Señor: Permíteme llegar al corazón de la gente, como todos los días. Déjame iluminar, el día nublado, con la calidez de mi voz. Dame oportunidad de abrir los ojos a quienes no ven. Impúlsame para que caminemos por valles y montañas con el poder de la radio e imaginación. […]
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miércoles, noviembre 20, 2019

ORACIÓN DEL LOCUTOR

 ORACIÓN DEL LOCUTOR

ORACIÓN DEL LOCUTOR

Oración del locutor:

Señor:
Permíteme llegar al corazón de la gente, como todos los días.


Déjame iluminar, el día nublado, con la calidez de mi voz.
Dame oportunidad de abrir los ojos a quienes no ven.

Impúlsame para que caminemos por valles y montañas con el poder de la radio e imaginación.
Dame fuerzas para caminar con todas aquellas personas que su compañía es un radio receptor.
Guíame para no caer en el fango de la mediocridad.
Y si lo hiciere, señálame el camino a través de una sana lectura.

Dale paz a mi corazón, para que pueda transmitirla.
Enséñame a cubrir el corazón frío, con una cálida melodía.

Pon en mis labios palabras sabias, para que pueda ingresar al cerebro y corazón de los necios.
Pon en mi camino una luz, que pueda tomarla y ponerla en lo alto para que los demás no se pierdan.
Reúne mi archivo musical y elimina toda canción ofensiva.

Bendice a todas las personas que me rodean, porque ellos son la fuente de mi inspiración.
Dale calor a cada una de mis palabras, para que el día lluvioso sea para todos cálido y que el día frío no lo perciban.
Aísla todas mis penas, para que las palabras fluyan, y haga feliz al que no lo es.

Dame un poco de niño para poder jugar, con todos los géneros musicales, para que los demás disfruten su día.
Pon bajo control mi mal carácter.

Que hoy pueda tener más amigos y dame un poco de tu buen humor para que sonría el que guarda tristeza en su alma.

Señor. Abrázame un segundo, ayúdame a que pueda poner en su lugar todas mis emociones y debilidades.

Amén

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Oración del locutor

Santa Sede

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