CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

LECTIO DIVINA PARA EL 29 DE JUNIO DE 2018

LECTIO DIVINA PARA EL 29 DE JUNIO DE 2018
Santos Pedro y Pablo Apóstoles
Nos dejamos interrogar por Jesús. “Dichoso tú, Simón hijo de Juan por que no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos”
Mateo 16, 13-19

Mateo nos narra hoy la profesión de fe de Pedro con más detalles que los otros sinópticos, en lo que se refiere a la Persona de Jesús y al discípulo que acoge su misterio.

El lugar concreto donde Jesús es reconocido por los suyos es precisamente Cesarea de Filipo, el lugar quizás más alejado de Jerusalén y reconocido abiertamente como región pagana.

Hasta este momento en el Evangelio, han sido los otros quienes continuamente se han puesto interrogantes sobre la Persona de Jesús: “¿Quién es éste a quien el viento y la mar obedecen?” (Mateo 8,27),  “¿Quién es este que hasta perdona pecados?” (Marcos 2,7; ver Mateo 9,3).

Pero ahora es Jesús mismo quien interroga sobre sí a los discípulos, para hacer brotar la respuesta de la fe. La fe comienza justamente cuando dejamos de cuestionar al Señor y permitimos que sea el quien nos cuestione, nuestra respuesta será entonces la expresión viva de nuestra fe.

1. Entrando en el misterio del Maestro

Jesús interroga a los discípulos, pedagógicamente, en dos momentos sucesivos.

Primera pregunta: “¿Quién dice la gente que es el hijo del hombre?” (16,13).

“Hijo del hombre” es el título que más frecuentemente Jesús se aplica a sí mismo. Jesús prefiere siempre este título al de Mesías, porque está más relacionado con el del  “siervo de Yahvé” que será rechazado y humillado, pero finalmente triunfará.

Con esta pregunta indirecta Jesús da a sus discípulos la oportunidad de expresar todo lo que han oído sobre el en el hablar común, dándole aquella respuesta genérica que no les compromete. “Ellos le dijeron: unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o algunos de los profetas” (7,14).

Las actitudes de Jesús acompañadas por signos, sus denuncias ante las autoridades religiosas y el rechazo a su Persona y a su mensaje, han dado motivos suficientes para que la gente lo considere como un profeta.

Jesús que parece no prestar atención a esta respuesta, va directamente al grano:

Segunda pregunta: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (16,15).

Con estas palabras Jesús se aplica a sí mismo el título de Hijo del hombre y los interpela directamente “Pero ustedes”, ustedes que escuchan mi palabra, ustedes que han creído en mí, que viven conmigo, ustedes que son mi comunidad, ¿qué dicen de mí?

Pedro, responde en nombre de todos. “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” (16).

La profesión de fe de Pedro es la profesión de nuestra fe cristiana. Jesús es el Cristo, el único Cristo, el Hijo de Dios, el Hijo amado del Padre, enviado al mundo para que en el tengamos la vida (ver Juan 3,16). Pedro ha sido, en este momento, admitido a participar en el secreto de Dios.

2. Entrando en el misterio del discípulo

Después de la respuesta de Pedro, Jesús hace caer en cuenta que ésta no proviene de la lógica o de la comprensión humana.

Pedro ha sido el primero en recibir la revelación del misterio escondido a los sabios y a los inteligentes (11, 25-27), si bien después tendrá que reconocer que Jesús no era el Cristo que él pensaba y tendrá que aceptar, a pesar de su resistencia, que Él se revela como tal, justamente, en lo que el menos esperaba: la muerte y muerte de cruz.

Cultivemos la semilla de la Palabra en el corazón.

1. ¿Cuáles son los dos momentos sucesivos en los cuales Jesús interroga a sus discípulos?
2. ¿En el grupo al cual pertenezco cómo es considerada la figura de Jesús? ¿Qué hacemos para conocerlo cada vez más?
3. ¿En qué forma comparto con los demás el paso de Jesús por mi vida?

P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico del CELAM

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