Viernes, diciembre 09, 2016

LA MUJER ADULTERA, ABSUELTA POR LA FUERZA DEL AMOR. V DOM CUARESMA. CICLO C.

Queridos Hermanos y Hermanas:

En esta reflexión no nos interesa plantear meditaciones de índole moralista, es nuestra intención hacer notar la inmensidad del amor de Dios en medio del pecado; su misericordia infinita en medio de la finitud humana y su derroche de amor y de perdón en medio de la fragilidad propia de nuestra condición.

 

Desde esta perspectiva, es absolutamente significativo el hecho de encontrar el pasaje de la mujer adúltera del evangelio de hoy, en medio de dos textos que hablan de cuán grande es la misericordia de Dios por todos los hombres y mujeres de la tierra; los textos a los cuales nos referimos son los siguientes: Texto anterior: LA PROMESA DEL AGUA VIVA: “Si alguien tiene sed que venga a mi y beba” (Jn 7,37-39) y texto posterior: JESUS LUZ DEL MUNDO: “Yo soy la luz del mundo, el que me siga no andará en la oscuridad sino que tendrá la luz de la vida”. (Jn 8,32).

 

Con respecto al primer texto y en diálogo con el pasaje de la mujer adúltera, es importante afirmar aquí que en medio de la sed de perdón experimentada por esta mujer ante semejante tribunal, Jesús se le manifestó como el agua de vida que sació su sed de perdón y comprensión.

 

 

Ante la sed de misericordia que imploraba la mujer del evangelio a las autoridades que la enjuiciaban; Jesús fue el agua viva bajada del cielo que le dio paz y alivio a su corazón afligido ya por el pecado cometido  o ya por la inclemencia de sus acusadores.

 

Ante la sed de compasión que clamaba aquella mujer sintiendo sobre sus espaldas el peso de la muerte; Jesús se convirtió para ella en fuente de vida y redención.

 

Finalmente, ante de la deshonra pública  y ante la mirada justiciera de quienes la veían con ojos de odio y de repudio, Jesús la levanta y la absuelve con el agua de su amor y su ternura.

 

Por otro lado pasando al segundo texto arriba mencionado: “Jesús luz del mundo”, vale la pena decir que la mujer adúltera ante las sombras que la cobijaban producto de su propio pecado, Jesús se le presenta como la luz que irrumpe en medio de las tinieblas de sus conductas; siendo para ella faro de fulgor y de esperanza.

 

En medio de la oscuridad que vivía aquella mujer por el juzgamiento que se llevaba a cabo en presencia de la comunidad en pleno, Jesús se le manifiesta como luz de salvación, destello de vida y resplandor de gracia y bendición.

 

Con lo dicho anteriormente, podemos concluir que Jesús a través del evangelio de la mujer adúltera nos enseña a reconocernos más humanos y por tanto proclives al pecado, con capacidad suficiente para redimirnos y por supuesto con la total necesidad de Dios para caminar por las sendas de la salvación.

 

En este evangelio hemos de notar cómo al mismo tiempo que las autoridades condenaban a la mujer con la fuerza de la ley, Jesús la absolvía con la fuerza del amor.

 

Hermanos y hermanas, que a lo largo de esta quinta semana de cuaresma y con la ayuda del Corazón Inmaculado de María, podamos meditar en tres expresiones que muestran la realidad narrada en el evangelio de la mujer pecadora: “No juzguéis y no seréis juzgados”, “no condenéis y no seréis condenados” y finalmente  “con la vara que midas serás medido”.

 

P. Ernesto León D. o.cc.ss

Superior Viceprovincial de Oblatos