CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

EL PAN NUESTRO DEL 3 DE MAYO DIA DE LA EXALTACION DE LA SANTA CRUZ. (Jn 14,6-14)

Hermanos y hermanas, en el día de la exaltación de la santa cruz, no podemos obviar las palabras de San pablo en su primera carta a los corintios: “Los judíos quieren ver señales milagrosas, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles”, (1Cor 1,22-25), este texto nos lleva a pensar que en algún momento nosotros seguimos manteniendo en nuestra mente la concepción anquilosada de la cruz; nos referimos a ella como un signo de derrota y muerte; de fracaso y angustia, de tristeza y desesperación, de sacrificio y lágrimas, y siguiendo con la lógica del texto la cruz resulta ser símbolo de “escándalo y necedad”.

En el ámbito cristiano las acepciones anteriores acerca de la cruz están superadas, pues la nueva comprensión de la misma, nos lleva a considerar la cruz como signo de vida y victoria, de triunfo y alegría, de gozo y esperanza, de oblación y satisfacción y por supuesto de orgullo y sabiduría; y todo lo anterior porque en el árbol de la cruz, se gestó el triunfo del Señor sobre la muerte; fue allí en donde Jesús se consideró verdadero hombre y verdadero Dios; en la cruz fue en donde Jesús le ofreció a la humanidad, la prueba de su amor; fue en la cruz en donde nuestro divino salvador perdonó nuestros pecados y al mismo tiempo nos invitó a caminar hacia el cielo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

De esta manera hermanos y hermanas, cada vez que la Iglesia Católica hace mención de la cruz se refiere a un signo lleno de esperanza, en el cual Jesucristo nos enseñó que la vida derrotará siempre a las huestes de la muerte y que por tanto el Dios en el que nosotros creemos no es un Dios de muertos sino de vivos.

Con la protección de nuestra Madre María, intentemos todos los días amar a su Hijo Jesucristo, el primer oblato, quien un día ofrendó su vida por nuestra salvación. “Ob amorem Dei”.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿Quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿Qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

EL PAN NUESTRO DEL 3 DE MAYO

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