CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

EL PAN NUESTRO DEL 22 DE MAYO Mc 9,30-37

El evangelio de hoy manifiesta una particularidad en la pedagogía del Señor, nos referimos al hecho de alejarse de la gente del pueblo, para caminar a solas con sus discípulos con el ánimo de INSTRUIRLOS.

La instrucción de Jesús no se entiende como la transmisión de inmensos y variados conocimientos, se centraba sobre todo en la formación humana de los apóstoles que seguramente requería de la aprehensión de algunos tópicos básicos, pero que fundamentalmente se enfocaba en la apropiación del estilo de vida que les enseñó Jesús junto con un solo paradigma doctrinal: el mandamiento del amor.

En lo atinente al estilo de vida del Señor, podemos decir que él, hizo de su propia existencia su mayor enseñanza, predicó con sus acciones y desde este punto de vista sus hechos cotidianos fueron suficientes en la instrucción de sus apóstoles; él no les dijo simplemente perdonen pecados, él lo hizo y ellos fueron testigos de este acto compasivo y misericordioso; y lo mismo sucedió con la curación de los enfermos y con la expulsión de los demonios; en síntesis su vida ejemplar se convirtió en cátedra para sus seguidores y éstos con la fuerza del Espíritu Santo, intentaron vivir al estilo de aquél que un día dio la vida por la humanidad.

Muchos de nosotros no entendemos las doctrinas de nuestra profesión de fe y lo mismo les pasaba a los apóstoles del Señor; y no obstante lo anterior, como ellos lo hicieron, ahora nosotros aferrándonos a la persona de Jesús, hemos de intentar descubrir la acción de Dios en la historia a través de los actos de amor enseñados por Jesús.

Al término de este mes de mayo, que María Santísima nos configure como discípulos y misioneros del Señor Jesús. Ob amorem Dei.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿Quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿Qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

EL PAN NUESTRO DEL 22 DE MAYO

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