EL PAN NUESTRO DEL 22 DE MARZO Con la siguiente expresión Jesús enardeció los ánimos de los fariseos hasta el punto que lo iban a apedrear: «Antes que existiera Abraham, existo yo», tal afirmación, lleva consigo dos verdades importantes para los creyentes de hoy, pero incomprensibles para los oyentes de aquel tiempo y son: en […]
">
Misioneros Oblatos o.cc.ss
jueves, mayo 06, 2021

EL PAN NUESTRO DEL 22 DE MARZO (Jn 8,51-59)

EL PAN NUESTRO DEL 22 DE MARZO

Con la siguiente expresión Jesús enardeció los ánimos de los fariseos hasta el punto que lo iban a apedrear: "Antes que existiera Abraham, existo yo", tal afirmación, lleva consigo dos verdades importantes para los creyentes de hoy, pero incomprensibles para los oyentes de aquel tiempo y son: en primer lugar la preexistencia del Hijo de Dios, como un hecho antecedente a su encarnación, tal como lo concibe la doctrina de la Iglesia y en segundo lugar su preeminencia sobre los grandes patriarcas del A.T. como lo es Abraham, tal preeminencia está dada por su condición de Hijo de Dios.

Con la afirmación arriba mencionada, Jesús abiertamente estaba reconociendo su categoría de Mesías y Enviado, lo cual significaba para los fariseos pérdida de poder y de investidura, pues ahora ya no le era suficiente al pueblo, la comprensión de los fariseos como doctores de la ley, sino su adhesión al modelo de vida nuevo implantado por Jesús.

Nosotros en este tiempo de cuaresma y a las puertas de la Semana Santa, intentemos reconocer en nuestro interior a Jesucristo como el rey de nuestra vida y como el centro de nuestros corazones, afirmando de manera convincente que él es anterior a todo y que todo tiene sentido en él; que existiendo antes que los patriarcas, se ha constituido en el salvador de todas las naciones; y que enaltecido en medio del mundo como el Mesías, su reino de justicia, amor y paz ha empezado a cumplirse en el aquí y en el ahora de nuestra historia.

OB AMOREM DEI.

EL PAN NUESTRO DEL 22 DE MARZO

Santa Sede

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

EL PAN NUESTRO DEL 22 DE MARZO