CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

EL PAN NUESTRO DEL 20 DE FEBRERO (Mt 6,7-15)

El profeta Isaías nos regala hoy una bella comparación entre la lluvia y la palabra; cuando dice que así como la lluvia cae a la tierra y no sube sin antes empaparla, así la palabra de Dios no vuelve, sino después de haber fructificado en el corazón del hombre.

Hermanos y hermanas, en este itinerario cuaresmal, es deber de nosotros los creyentes dejarnos permear por la Palabra, pues ella es vida para los contextos de muerte, ella es luz en el camino de nuestra vida; ella convierte nuestros desiertos personales en praderas verdes de fuerza y esperanza, ella nos corrige, nos entusiasma y nos llena de vida nueva.

No podemos caminar hacia la pascua al margen de la Palabra del Señor, necesitamos de ella, pues un creyente decían los padres de la Iglesia, que desconozca la Palabra, desconoce a Jesucristo; acerquémonos entonces presurosos a Jesucristo puesto en letras en la Sagrada Escritura, dejándonos al mismo tiempo vivificar por ella.

Por otro lado y haciendo eco del evangelio de hoy en el capítulo 6 de San Mateo, encontramos en la oración del padre nuestro, un elemento importante para este itinerario cuaresmal que hemos iniciado, se trata del PERDON, «perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», práctica que debemos ejercitar en este tiempo litúrgico luego de hacer una seria reflexión acerca de de todo aquello que rompe nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos, nos referimos a todo aquello que signifique rencor, resentimiento, odio, venganza, entre otros.

Que nuestra Madre del Cielo nos ayude a perdonarnos para luego ser capaces de perdonar a quienes nos han hecho daño.

«Ob amorem dei».

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿Quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿Qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

EL PAN NUESTRO DEL 20 DE FEBRERO

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