EL PAN NUESTRO DEL 19 DE FEBRERO La Cuaresma entendida por la Iglesia como un tiempo litúgico fuerte, no solamente tiene un componente de índole espiritual, nos referimos a la conversión, a la transformación interior, a vivir el sacramento de la reconciliación, entre otros; sino que conlleva también un componente práctico de acuerdo al pedido […]
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jueves, mayo 06, 2021

EL PAN NUESTRO DEL 19 DE FEBRERO (Mt 25,31-46)

 EL PAN NUESTRO DEL 19 DE FEBRERO

La Cuaresma entendida por la Iglesia como un tiempo litúgico fuerte, no solamente tiene un componente de índole espiritual, nos referimos a la conversión, a la transformación interior, a vivir el sacramento de la reconciliación, entre otros; sino que conlleva también un componente práctico de acuerdo al pedido del evangelio de hoy, cuando se nos recuerda que la forma más clara de vivir la religión o cualquier experiencia religiosa, es la proyección de Jesucristo en actitudes concretas, tal es el caso de nosotros los cristianos, actitudes como las enunciadas en el capítulo 25 de San Mateo: dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, visitar a los presos, dar de beber al sediento, entre otras manifestaciones que son demostraciones de amor al prójimo.

Desde esta perspectiva, la forma de vivir nuestra cuaresma en este 2018, no puede ser entendida como una experiencia de Dios de manera intimista, sino como la puesta en práctica de ese Jesús que pasó en la tierra haciendo el bien, sanando a los enfermos y perdonando a los pecadores; dejando claro de esta forma que la expresión: "venid benditos de mi Padre a heredar el trono de gloria", será escuchada por aquellos que hicieron vida las obras de misericordia espirituales y corporales, estos serán llamados justos y los demás impíos.

Puestos en el regazo maternal del Corazón Inmaculado de María, llenémonos de fuerza para hacer el bien a nuestros hermanos por la via del servicio a quien más lo necesite. "Ob amorem dei"

 

EL PAN NUESTRO DEL 19 DE FEBRERO

Santa Sede

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

EL PAN NUESTRO DEL 19 DE FEBRERO