CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

EL PAN NUESTRO DEL 3 DE MAYO (Jn 14,6-14)

Encontramos en el texto de San Juan, palabras cautivadoras que resonando en el corazón de hombres aguerridos e incultos como lo fueron los apóstoles del Señor, se enamoraron de quien con dulce voz pero con firmeza dijo: “yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Jesús con estos tres sustantivos se definió a sí mismo y los apóstoles aunque con vacilación lo aceptaron así y los siguieron con un corazón abierto a la aventura y después de la resurrección disponible para dar la vida por Él.

En medio de muchos caminos de realización personal que tenían los hombres que lo siguieron, optaron por el único camino que conduce a la felicidad plena: Jesucristo; no obstante la multiplicidad de aparentes verdades que pululaban en el ambiente a raíz de la influencia griega, ellos con la fuerza del Espíritu Santo, descubrieron en aquél que le dijo a Pedro. “ven y sígueme”, la única verdad, la verdad del Padre revelada para la salvación del mundo; y una vez que lo vieron morir en la cruz pensaron que todo había sido una farsa y cuando fueron testigos de su resurrección, con alegría en el alma, seguramente gritaban en silencio: “Él es la vida”, la vida que no termina, la vida que perdura, la vida que permanece, la vida eterna; hecho que los capacitó para anunciar con valentía el evangelio en contextos hostiles por la presencia de los poderosos, los mismos que habían matado al Señor.

Hermanos y hermanas que con la fuerza de los apóstoles, todos los días reconozcamos al Señor como el “camino, la verdad y la vida” y que desde el corazón le digamos: “¿A quién iremos?, Tu tienes palabras de vida eterna”. “Ob amorem Dei».

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿Quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿Qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

EL PAN NUESTRO DEL 3 DE MAYO

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