UN DÍA POR LAS MONTAÑAS Un día por las montañas apareció un peregrino, apareció un peregrino. Se fue acercando a las gentes acariciando a los niños, acariciando a los niños. Iba diciendo por los caminos: “amigo soy, soy amigo”. Sus manos no empuñan armas, sus palabras son de vida, sus palabras son de vida. Y […]
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lunes, noviembre 19, 2018

UN DÍA POR LAS MONTAÑAS

UN DÍA POR LAS MONTAÑAS

Un día por las montañas

apareció un peregrino,
apareció un peregrino.
Se fue acercando a las gentes
acariciando a los niños,
acariciando a los niños.

Iba diciendo por los caminos:
"amigo soy, soy amigo".

Sus manos no empuñan armas, sus palabras son de vida,
sus palabras son de vida. Y llora con los que lloran
y comparte la alegría, y comparte la alegría.

Iba diciendo por los caminos:
"amigo soy, soy amigo".

Reparte el pan con los hombres,
a nadie niega su vino,
a nadie niega su vino.

Y está junto a los que buscan, y consuela a los mendigos,
y consuela a los mendigos.

Iba diciendo por los caminos:
"amigo soy, soy amigo".

Y los hombres que lo vieron
contaban a sus vecinos,
contaban a sus vecinos.
"Hay un hombre por las calles
que quiere ser nuestro amigo,
que quiere ser nuestro amigo.
Hay un hombre por las calles
que lleva la paz consigo,
que lleva la paz consigo".

Iba diciendo por los caminos:
"amigo soy".
Iba diciendo por los caminos:
"amigo soy".
Iba diciendo por los caminos:
"amigo soy".

UN DÍA POR LAS MONTAÑAS

Santa Sede

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SALMO 92

SALMO 92, 1-3

Bueno es dar gracias a Yahveh, y salmodiar a tu nombre, Altísimo,
Publicar tu amor por la mañana, y tu lealtad por las noches,
Al son del arpa de diez cuerdas y la lira, con un susurro de cítara.

SALMO 92, 4-6

Pues con tus hechos, Yahveh, me regocijas, ante las obras de tus manos grito:
«¡Qué grandes son tus obras, Yahveh, qué hondos tus pensamientos!»
El hombre estúpido no entiende, el insensato no comprende estas cosas.

SALMO 92, 7-9

Si brotan como hierba los impíos, si florecen todos los agentes de mal, es para ser destruidos por siempre;
Más tú, Yahveh, eres excelso por los siglos.
Mira cómo tus enemigos perecen, se dispersan todos los agentes de mal.

SALMO 92, 10-12

Pero tú alzas mi frente como la del búfalo, derramas sobre mí aceite nuevo;
Mi ojo desafía a los que me acechaban, mi oído escucha a los malvados.
Florece el justo como la palmera, crece como un cedro del Líbano.

SALMO 92, 13-15

Plantados en la Casa de Yahveh, dan flores en los atrios del Dios nuestro.
Todavía en la vejez producen fruto, se mantienen frescos y lozanos,
Para anunciar lo recto que es Yahveh: mi Roca, no hay falsedad en él.

SALMO 95

SALMO 95, 1-3

Venid, cantemos gozosos a Yahveh, aclamemos a la Roca de nuestra salvación;
con acciones de gracias vayamos ante él, aclamémosle con salmos.
Porque es Yahveh un Dios grande, Rey grande sobre todos los dioses;

SALMO 95, 4-7

En sus manos están las honduras de la tierra, y suyas son las cumbres de los montes;
suyo el mar, pues él mismo lo hizo, y la tierra firme que sus manos formaron.
Entrad, adoremos, prosternémonos, ¡de rodillas ante Yahveh que nos ha hecho!
Porque él es nuestro Dios, y nosotros el pueblo de su pasto, el rebaño de su mano.

SALMO 150

SALMO 150, 1-3

Alabad a Dios en su santuario, alabadle en el firmamento de su fuerza,
Alabadle por sus grandes hazañas, alabadle por su inmensa grandeza.
Alabadle con clangor de cuerno, alabadle con arpa y con cítara,

SALMO 150, 4-6

Alabadle con tamboril y danza, alabadle con laúd y flauta,
Alabadle con címbalos sonoros, alabadle con címbalos de aclamación.
¡Todo cuanto respira alabe a Yahveh! ¡Aleluya!.

UN DÍA POR LAS MONTAÑAS