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jueves, mayo 06, 2021

40.6 SEXTO ACTO DE ADORACIÓN Y DESAGRAVIO A JESÚS SACRAMENTADO

 SEXTO ACTO DE ADORACIÓN Y DESAGRAVIO A JESÚS SACRAMENTADO

 SEXTO ACTO DE ADORACIÓN Y DESAGRAVIO A JESÚS SACRAMENTADO

L. A Ti, Rey inmortal e invisible de todos los siglos, a Ti, nuestro único y verdadero Dios, sean dadas la honra y la gloria por siempre jamás. Amén.

Bendito eres, Señor Dios de Israel; tuyo es el poder, la magnificencia, la gloria y la victoria; a Ti se debe eterna alabanza, porque todo lo que hay en el cielo y en la tierra, te pertenece.

Tuyo, oh Señor, es el reino, y Tu eres sobre todos los reyes. Tuyas son las riquezas y la gloria; Tu eres el Señor de todo; en tu mano están la fuerza y el poder, la grandeza y el imperio de todas las cosas.

Ante Ti el universo entero es como átomo de polvo que ni da ni quita peso a la balanza, o como imperceptible gota de rocío que por la mañana desciende sobre la tierra.

Pero, aunque no somos mas que polvo y ceniza, te alabamos Señor y bendecimos, te glorificamos y ensalzamos tu Santo Nombre y desde el profundo abismo de nuestra nada te tributamos el humilde homenaje de nuestras adoraciones.

L. Porque eres nuestro único Dios, y no hay otro Dios fuera de Ti,

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. Porque eres el único y verdadero ser, eterno e increado; y todos los seres creados hemos sido sacados por Ti, de la nada:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. Por las infinitas perfecciones de tu Ser incomprensible:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. Por la unidad de tu esencia y la Trinidad de tus personas:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, Padre de inmensa majestad:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, Espíritu Santo Paráclito:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, Verbo Encarnado, Jesucristo, Rey de la gloria:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, Dios y Hombre, Hijo unigénito de la siempre Virgen María:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, Cordero de Dios, inmolado por la salvación del mundo:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, Hostia Eucarística, ofrecida diariamente sobre nuestros altares:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, que estás sentado a la diestra del Padre:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. Porque Tú solo eres el Santo, Tú solo el Señor, Tú solo el Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria del Padre:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, Señor Dios, en el firmamento del cielo, y digno de loor y de gloria por todos los siglos:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, a quien los Angeles y Serafines claman: Santo, Santo, Santo:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, cuya inmensa gloria y majestad llenan los cielos y la tierra:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, que penetras con profunda mirada los abismos, y te asientas sobre los Querubines:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, cuyo Nombre es santo, glorioso y bendito y digno de ser alabado y sobremanera ensalzado en todos los siglos:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, en el templo santo de la gloria:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. A Ti, en el trono de tu reino:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. Con la Reina de los Angeles:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. Con todas las jerarquías de Espíritus bienaventurados:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. Con la venerable multitud de los profetas.

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. Con el cándido ejército de los mártires:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. Con la Iglesia santa que te adora y confiesa sobre toda la redondez del globo.

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. Con la creación entera:

T. Te adoramos Señor y te bendecimos.

L. Dios santo, Dios fuerte, Dios inmortal: recibe benigno el humilde tributo de nuestras alabanzas y adoraciones; porque, si bien tu grandeza es infinita y de nada necesitas, amas todo cuanto tiene ser, y no aborreces nada que no sea nechura de tus manos. Así, pues, aunque miserables y pecadores, reconocemos nuestra vileza, y nos gozamos en tu magnífica gloria.

¿Quién como Tú, Señor Dios nuestro, que moras en las alturas, y fijas tu amorosa mirada en los humildes, en el cielo y en la tierra? En la imposibilidad de ensalzarte como mereces, nos unimos a la Hostia divina de nuestros altares, y te ofrecemos en ella y por ella el gran sacrificio de alabanza, y único holocausto verdaderamente digno de Ti, el cual a gloria de tu Santo Nombre, inmoló Jesucristo nuestro Salvador en el ara de la cruz. Bendito eres, Señor Dios nuestro, y digno de ser adorado y ensalzado sobre todo loor y toda gloria, por los siglos de los siglos.

Amén.

Fuente: Manual de Piedad Misioneros Oblatos

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EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Santa Sede

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