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jueves, abril 19, 2018

SEGUNDA CARTA DE SAN PEDRO

SEGUNDA CARTA DE SAN PEDRO

SEGUNDA CARTA DE SAN PEDRO

Esta es una epístola de tiempos postreros en la que el autor sagrado bajo el seudónimo de Pedro previene a los cristianos de los falsos profetas y de los doctores que niegan a Cristo, a la vez que exhorta a esperar con una vida santa la venida del Señor.

Esta Carta es el testamento último de San Pedro, escrita probablemente antes de su muerte; es también llamada la "Carta de la fe y la esperanza", que nos describe este cuerpo como una tienda de campaña pasajera.

Teniendo presente el significado y el contenido de este escrito canónico atribuido a San Pedro, cabeza del colegio apostólico y dirigido sin duda a la universalidad de la Iglesia, nos proponemos hacer una lectura de fe desde la realidad latinoamericana de los principales contenidos teológicos y pastorales de la carta.

Cabe recordad que la naciente Iglesia se vio frecuentemente amenazada por el mundo circundante, plagado de su sin número de ideologías, razón por la cual los apóstoles tuvieron que dar firmeza y consistencia arraigando la fe en los creyentes llegando incluso a sellarla con su sangre.

QUE DICE LA CARTA:

Pedro hace en un principio una presentación de la generosidad de Dios que ha llamado a la fe en Jesucristo a la humanidad, a este don gratuito de Dios debe corresponder la conversión del hombre que abandona las obras de la corrupción y la concupiscencia.

El autor insiste en no quedarse con el hecho de haber recibido la fe, sino que es necesario consolidarla, pues las pruebas fácilmente pueden llevar a apostatarla. “poned el mayor empeño en afianzar vuestra vocación y vuestra elección” (1,10)

Como hay amenazas de falsos maestros que intentan usurpar el lugar de los apóstoles, Pedro ratifica su testimonio apostólico. No se trata de uno que oyó una historia, sino que es testigo ocular de los hechos, su apostolicidad se remonta al mismo Jesús con quien compartió su experiencia. El apóstol no se hace así mismo sino que es llamado y a la vez ratificado por la comunidad pasando primero por ser discípulo. “No se es apóstol sin ser discípulo”.

Ante las falsas doctrinas que se divulgan, basadas en erróneas interpretaciones de los hechos y de las Escrituras el apóstol sale en defensa afirmando con claridad meridiana “tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuanta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres, movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios”. (1,20-21)

Finalmente el apóstol revive la llamada a la santidad que no quiere decir sino la edificación de cielos nuevos y una tierra nueva donde habite la justicia.

QUE NOS DICE AQUÍ Y AHORA EN AMBITO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

“La evangelización da a conocer a Jesús como el Señor, que nos revela al Padre y nos comunica su Espíritu. Nos llama a la conversión que es reconciliación y vida nueva” (puebla 352). Este es el contenido principal de la evangelización, hacer notar que se trata de un don generoso de Dios en Jesús y del encuentro del hombre con este acontecimiento mediante una respuesta de renovación interior expresada en nuevas conductas y comportamientos.

El apóstol da por hecho que ya se ha evangelizado, pero no puede dejar de consolidar la fe. Hoy por hoy también se habla de la Nueva Evangelización no porque la anterior haya sido inválida, infructuosa o de poca duración, sino porque hoy hay desafíos nuevos, nuevas interpelaciones, nuevas problemáticas a las que hay que responder sin perder la esencia del Evangelio. Hoy también se requiere de cristianos que ratifiquen su vocación y elección.

Es de notable importancia considerar el papel de los ministros ordenados en la obra evangelizadora, en medio de una creciente infravaloración y desprecio de este importante servicio. Es verdad que todos somos agentes de la evangelización por el sacerdocio común del que participamos pero no podemos descartar la institucionalidad del ministerio jerárquico continuador en la historia de la colegialidad apostólica. “El ministerio jerárquico (obispos, presbíteros y diáconos) da unidad y autenticidad a todo el servicio eclesial en la gran tarea evangelizadora.”(Puebla 855)

Ante la proliferación de subjetivistas interpretaciones de la revelación que se reducen a opiniones y criterios personales se debe reafirmar el papel irremplazable del magisterio eclesial a este corresponde la tarea de discernir las mociones del Espíritu, interpretarlas y comunicarlas debidamente. Hacerlo individualmente es descartar la acción del Espíritu en la Iglesia tendiente a conservar en ella la Unidad. “En el seno dela comunidad encontramos la instancia de decisión y de interpretación auténtica y fiel de la doctrina de la fe y de la ley moral; es el servicio del sucesor de Pedro que confirma a sus hermanos en la fe y de los obispos, sucesores de los apóstoles en el carisma de la verdad”. (Puebla 374)

Finalmente se nos plantea la tarea de revalorar el proyecto de santidad al que todos estamos llamados, dicha santidad tiene que ver necesariamente con la instauración aquí y ahora de cielos nuevos y tierra nueva, es decir de una historia en la que acontezca el proyecto liberador de Dios. La santidad vendría a ser sinónimo de la humanización que se levanta hacia la grandeza insuperable del Dios amor que se hace todo en todos.

SEMINARIO MAYOR LOS SAGRADOS CORAZONES

II DE TEOLOGÍA

CARTAS CATÓLICAS

P. LUIS GUILLERMO RUBIANO

JAMER ADRIAN BRAVO DIAZ.

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