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lunes, septiembre 23, 2019

PARA ESTA SEMANA SEPTIEMBRE 8 DE 2019

PARA ESTA SEMANA SEPTIEMBRE 8 DE 2019

Renunciar, perseverar, amar… verbos que definen al verdadero discípulo de Jesús.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, Carmelitas Cúcuta y de tantas partes del mundo. Mi saludo y bendiciones para la semana que comenzamos. Una semana para dar lo mejor, para testimoniar la opción de vida que hicimos por el Señor y, sobre todo, para amar con los sentimientos de Cristo, amar cómo Él nos amó.

El texto de san Lucas (14, 25-33) que inspira la semana que iniciamos nos habla claramente, nos enseña que el cristianismo es una manera de ser ya que implica una nueva vida, un nacer del agua y del Espíritu y por lo tanto es una nueva manera de vivir, de ver las personas y la creación.

El cristianismo es una propuesta al mundo para que la vida basada en el amor de unos por otros sea mucho más digna, agradable y por lo tanto mucho más plena. El cristianismo tiene a la base el Reino de Dios, a Jesús, que va entrando con delicadeza en la vida, en el corazón de quien acepta su Palabra. El Reino fermenta y hace al hombre capaz de dejar todo, de vender todo, de iluminar todo, de darle sabor a todo.

El cristianismo es una opción en la vida que se hace la razón del vivir y del entregar lo que se es en bien de los demás.

El que acepta el reto, el que se hace discípulo, es una persona que entiende que por encima del proyecto del Reino no hay otro proyecto, que por encima de la entrega a los demás no hay nada. El discípulo entiende que la vida se funda en la confianza en Dios que nos ama y salva; Dios que camina con cada uno a lo largo de la vida y se hace compañero y amigo.

El discípulo está llamado a negarse a sí mismo lo que significa permitir que Dios viva en el corazón y que en la vida de Dios vivan los demás. Hace de su corazón un cielo, un lugar de acogida y de amor. Tomar la cruz significa amar, gastar el amor y siempre tener presente que nacimos para amar y que, aunque ese sentimiento implique paciencia, tolerancia, perdón, entrega, saber disculpar y nos lleve a ponernos en el lugar del otro, amar es también hacer el bien, siempre y en cualquier circunstancia como lo hace el Padre Dios con cada uno.

Y es ahí donde el ser discípulos se nos convierte a nosotros, los bautizados, en un reto, en un compromiso para toda la vida. Verbos como perseverar, renunciar, confiar, marcan la vida de los discípulos. El que no renuncia así mismo, el que no toma la cruz, el que no olvida su familia, el que no calcula bien su entrega no puede sentirse discípulo porque de hecho no lo es. El Señor nos necesita comprometidos.

Los invito a que revisemos nuestro discipulado, nuestra vinculación real con el Señor y la disposición que tenemos para ser en el mundo fermento, sal, luz, esperanza y verdad.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.

PARA ESTA SEMANA SEPTIEMBRE 8 DE 2019

Más reflexiones del Padre Jaime Alberto Palacio González, ocd

Fuente: http://ow.ly/py5f50vS7wZ

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