PARA ESTA SEMANA: SEPTIEMBRE 5 DE 2016. Una nueva manera de ser, de amar, de vivir. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo, mi saludo cordial y los mejores deseos de paz y bien en el Señor que […]
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lunes, septiembre 28, 2020

PARA ESTA SEMANA: SEPTIEMBRE 5 DE 2016.

PARA ESTA SEMANA: SEPTIEMBRE 5 DE 2016.

Una nueva manera de ser, de amar, de vivir.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo, mi saludo cordial y los mejores deseos de paz y bien en el Señor que nos recrea en constante bondad y que espera de nosotros apertura en la fe, frutos que perseveren y mucho amor para dar.

De nuevo, en el texto del Evangelio para este domingo 23 del tiempo Ordinario (Lc. 14, 25-33) Jesús, en sus discípulos, nos invita a la confianza y a la centralidad de Dios y de su plan en nuestras vidas. Con Jesús camina una gran muchedumbre y también sus discípulos, muchos buscan escucharle, otros buscan milagros, otros seguramente no buscan nada; y también sus discípulos caminan con Jesús y para nosotros debe ser claro que aunque caminemos podemos ser discípulos o de la multitud. ¡La decisión será nuestra!, en nosotros está o no estar con Jesús, igualmente estamos llamados. La otra opción es de seguir en la multitud o y pasar a ser verdaderamente discípulos.

Lo que sí debemos tener claro es que no podemos decir que seguimos a Jesús si no le entregamos nuestra vida. Para decir que somos seguidores pongámoslo al centro de nuestros sentimientos y decisiones y que su Palabra sea la que nos inspire y sobre todo la que nos de la fuerza para permanecer en fidelidad.

Seguir a Jesús es de fe, implica estar abiertos y no desfallecer. Seguir a Jesús implica ir más allá de querer encontrar beneficios, lugares, reconocimientos, milagros. Jesús implica una nueva vida, una manera de ser y de comportarnos. Una nueva forma de ver a las personas, de trascenderlas, de no dejarnos llevar por apariencias. Seguir a Jesús significa amar y llenar cada espacio, cada persona, cada tiempo, de esta magnífica experiencia en la que cada uno se siente acogido, respetado, escuchado y en el que cada uno vuelve a sentirse hijo de Dios, amado por Dios y salvado en el amor de Dios que se hace expresión en los discípulos de Jesús, en nosotros.

Calcular, pensar bien las cosas. No creer que somos discípulos sencillamente porque somos bautizados. El discípulo sale, evangeliza, muestra con su vida lo que cree y lo que ama. No somos discípulos porque vamos a misa o nos confesamos: el discípulo perdona todas las veces, se reconcilia antes de llevar la ofrenda al altar; detiene su rutina para ocuparse de la rutina de los abandonados. El discípulo persevera. Muchos de nosotros, a lo mejor, somos simples espectadores de un proyecto que aún no logra involucrarnos o miembros de una Iglesia a la que no tenemos ningún afecto y por eso sus propuestas y enseñanzas nos resbalan. ¿Seguidores de Jesús u hombres y mujeres religiosos pero sin otra religión que la de nuestros propios intereses? ¡Esto para pensar!

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González. Ocd.