PARA ESTA SEMANA OCTUBRE 16 DE 2017 Dios conoce la intencionalidad, lo que hay en el corazón. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas Cúcuta y de tantas partes del mundo. Bendiciones y feliz fiesta de santa Teresa de Jesús, nuestra madre. […]
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lunes, septiembre 28, 2020

PARA ESTA SEMANA OCTUBRE 16 DE 2017

PARA ESTA SEMANA OCTUBRE 16 DE 2017

Dios conoce la intencionalidad, lo que hay en el corazón.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas Cúcuta y de tantas partes del mundo. Bendiciones y feliz fiesta de santa Teresa de Jesús, nuestra madre. Ella nos lleve a todos por el camino de la sabiduría y nos ayude a comprender que en la oración está el encuentro con Dios amigo, Padre y hermano, que llena la vida de sentido en cuanto el corazón comienza a rebosar de amor, de puro amor.

En el Evangelio de este domingo XXVIII del tiempo Ordinario (Mt. 22, 1-14) Jesús nos ha hecho caer en cuenta que todo estaba listo, que el día de la boda había llegado. El Padre todo lo había dispuesto para que las cosas salieran bien. El banquete estaba listo y solo se esperaban los invitados.

Personas realmente importantes a las que el Padre había tenido presente. El día del banquete de bodas no es improvisado, tiene toda una historia y preparación. Por eso el Padre no deja de sorprenderse cuando los invitados, uno a uno, se disculpaban para no asistir. Los invitados son conocidos, durante años “amigos” del Rey pero que con gestos, con palabras y con detalles demostraron al Señor que no eran tan amigos, que el realmente la boda de su Hijo importaba poco y que ellos seguían mejor con su proyectos y sus planes. El tiempo para dedicarle al Señor era el que “sobraba” el que les quedaba después de haber hecho cada uno lo propio.

En este Evangelio el Rey monta en cólera y manda a acabar con los asesinos de sus criados; hace justicia con los débiles que solo obedecían a su señor y nada de los de ellos valía la pena. Igual la boda estaba preparada, todo tenía que seguir adelante. Y la invitación se abre para todos. El Señor guardó fidelidad a los “suyos”, a los que Él pensaba que estaban con Él, pero las cosas no fueron así; nuestro Señor ahora le da el protagonismo a los que no lo tenían, importancia a los que durante años fueron ignorados; el Señor da a conocer sus cosas, su casa, su Reino e invita al banquete de su Hijo, a los débiles, a los pequeños, a los ignorantes, a los que desde ese momento escribirán la historia del encuentro con el Rey y Señor.

El banquete ya no es excluyente, todos estamos siendo invitados, por todos ha mandado el Señor a sus mensajeros. No importa lo que hacemos o el lugar en el que estamos, ahora lo que interesa es que hemos sido invitados. No sigamos al margen, cambiemos la cara, la actitud. Vamos a la casa del Padre, encontremos a su Hijo. Que el vestido con el que vayamos sea el de la propia dignidad, aquella que el Padre, el Rey, en su Hijo nos ha devuelto. Que el rostro sea de alegría, de paz y que la actitud de encuentro nos lleve a no estar más al borde de los caminos o a andar excluidos de los proyectos del Señor.

Los invito a ponernos el traje de fiesta, a vestirnos de dignidad y a querer vivir de manera diferente a como estábamos viviendo. Seamos conscientes y entremos a la presencia de Dios mostrando que es ahí donde queremos estar y que con Él, en su presencia, las cosas son diferentes. Dios conoce la intencionalidad, lo que guardamos en el corazón, lo que nos hace dignos o no de estarnos con Él. Todo está en una actitud nueva, sin rencores, sin resentimientos, dispuestos a darlo todo por quien nos ha sacado del anonimato y nos ha llamado al amor.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.

PARA ESTA SEMANA OCTUBRE 16 DE 2017