PARA ESTA SEMANA NOVIEMBRE 6 DE 2017 “Ellos no hacen lo que dicen” Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo Quito, de Carmelitas Cúcuta y de tantas partes del mundo, mi saludo lleno de buenos deseos para la semana que comenzamos. En el Evangelio de este […]
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domingo, septiembre 27, 2020

PARA ESTA SEMANA NOVIEMBRE 6 DE 2017

PARA ESTA SEMANA NOVIEMBRE 6 DE 2017

“Ellos no hacen lo que dicen”
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo Quito, de Carmelitas Cúcuta y de tantas partes del mundo, mi saludo lleno de buenos deseos para la semana que comenzamos. En el Evangelio de este domingo 31 del tiempo Ordinario (Mt.23, 1-12) Jesús nos hace un llamado a la coherencia. Que lo que enseñamos esté de acuerdo con lo que hacemos y que lo que propongamos a los demás nosotros también estemos dispuestos a realizarlo.

El proyecto de Dios, el proyecto del Reino, el Proyecto de hacer conocer a Dios, su querer, su amor, debe entenderse que es para todos e incluye también a los que se han apoderado de cualquier experiencia de Dios o de su revelación misma. Las exigencias de Dios son únicas y para todos; son de cátedra y también de vida.

La fe y el espíritu religioso no son para que se “vean”, son para vivirlos y desde la experiencia de la vida, ayuden los demás a crecer, a cambiar de mentalidad y a enamorarse de Dios. Si lo que enseñamos lo acompañamos con el ejemplo entonces la verdad nos hará libres y el Reino de Dios se hará cada día más creíble y más palpable. La religión y sus enseñanzas no son solo para los demás, lo son también para nosotros, para que cambiemos la manera de vivir si es contraria a lo que el Reino nos pide, si no está dentro de un proyecto de amor redentor como el de Dios.

Jesús nos invita a vivir la dimensión de la fe de una manera sencilla y abierta a Dios. Es en humildad que nosotros ganamos los primeros lugares, es en la humidad en la que Dios se revela y se manifiesta, es en humildad que los demás “entran” en el proyecto de vida del Reino porque no les miramos con soberbia ni con desprecio sino con el amor de quien se sabe también amado por Dios. La humildad tiene qué ver con la dignidad que todos tenemos solo por el hecho de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios. Para nosotros no debe ser difícil abajarnos de la misma manera que Dios lo hizo; amar como Él nos ama y apostarle a la salvación como Él.

Los invito pues a que corrijamos tantas cosas que no están bien en nuestra vida y de manera muy especial nuestra fe tan llena de incoherencias, tal falta de vida.

Si mirando el corazón nos damos cuenta que ahí tenemos hambre de ser reconocidos, si esperamos la gratitud cuando hacemos algo que debe hacerse por amor, si nos encantan las reverencias y que toda la gente nos “respete” presumiendo de grandeza y de poder, entonces tendremos que comenzar de nuevo, tendremos que volver a la humildad, a la santidad de Dios que es el que inspira nuestro obrar.

Tengamos un único referente en la vida de la fe y es precisamente a Dios, al Padre. Que nadie nos aparte de su amor, ni opaque su ser; que quien sea padre en la tierra lo sea por gratitud pero que el único Padre siga siendo Dios. Nuestra vida la debe orientar Jesús, su Palabra, el Evangelio. Todo lo demás sea apoyo en el camino de la fe pero que nada supla la experiencia de encuentro y de amor que con Él se puede tener. Procuremos ser pequeños, sencillos, humildes. Procuremos estar al servicio de los demás y que todo lo que hagamos sea para que el Padre se glorifique.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.

 

 

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