Vamos a prepararnos de nuevo. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Reciban mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que en su amor nos invita a disponernos de corazón a un […]
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jueves, octubre 22, 2020

PARA ESTA SEMANA: NOVIEMBRE 30 DE 2015.

Vamos a prepararnos de nuevo.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Reciban mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que en su amor nos invita a disponernos de corazón a un encuentro definitivo que marque positivamente nuestras vidas, con Él sin miedos y viviendo la aventura de saber gastarse por el mundo y por los demás.

Comenzamos el tiempo del Adviento que tiene como objetivo prepararnos para recibir a Jesús. De nuevo Él quiere llegar a nuestras casas y sobre todo, a nuestras vidas; quiere de nuevo anunciar su mensaje de amor y pretende liberarnos de todo aquello que para nosotros impide una vida en libertad comenzando por el pecado y terminando con la liberación de todo aquello que no permite la extensión del Reino o la experiencia de amor de Dios y que conocemos como malo o demoniaco. Esas fuerzas con las que luchamos constantemente pero que sin la ayuda de Dios, sin la oración y sin el amor difícilmente derrotamos.

Un tiempo, el Adviento, para encontrarnos con el amor y sentir que nos hace falta llegar a una experiencia real de enamoramiento de Cristo. Muchas situaciones pueden ser adversas en nuestra vida y hasta nos pueden estar llevando a dudar, a flaquear en la fe. Situaciones de dolor por la pérdida de un ser querido; problemas económicos, sentimentales, depresiones; dificultades en el hogar, en fin, tantas cosas que nos pueden pasar y que seguramente a muchos nos desaniman y hasta entristecen porque no sentimos ni la ayuda, ni la bendición de Dios que ha prometido estar siempre en medio de nosotros.

Pero es justo en estas situaciones, justo cuando todo parece oscuridad, cuando todo es dolor, cuando la tormenta llega, que Jesús aparece a decirnos: Levanten la cabeza porque se acerca la liberación. De luchar y de vivir con Dios a no hacerlo y renunciar a perseverar hay mucha diferencia porque la vida con esperanza; el saber que aún en la oscuridad la luz brilla, que en la muerte hay vida y que la vida tienen razones para que nos entreguemos con amor, hace de la experiencia cristiana un baluarte que da seguridad y plenitud a los que caminan hacia la eternidad y entienden que en este pasar por la tierra es el amor el que debe primar.
Vamos a prepararnos y de nuevo, le abriremos a Dios el lugar que le corresponde en el corazón y que hemos ocupado con tristezas y pecados. Vamos a prepararnos tomándonos muy en serio el que la vida es efímera, que de un momento a otro dejaremos de estar en este mundo, que le daremos razón de nuestro amor y de nuestra misericordia a Dios. Vamos a prepararnos con la práctica de las buenas obras para merecer poseer el Reino celestial. Y como escribe san Pablo en su carta a los Tesalonicenses (1Ts. 4,2) “Vivan como conviene, para agradar a Dios”

Nos preparamos teniendo cuidado en que nada nos distraiga y nos aleje de la fe; de esa confianza con la que debemos vivir cada día. Vivamos con la certeza que Dios llega y también con el amor de Dios que es un bálsamo que nos refresca para resistir el dolor que el mismo amor a los demás nos puede causar.

Los invito a disponer el corazón para que de nuevo sea Jesús el que llegando a nosotros nos de la fuerza que necesitamos para perseverar en el camino del bien sin dudas y sobre todo sin desencantos.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd