PARA ESTA SEMANA MAYO 29 DE 2017 La Ascensión es encuentro de amor, encuentro sublime para ser ahora desde Dios. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas de Cúcuta y de tantas partes del mundo. Mi saludo cargado de bendiciones, espero que […]
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domingo, septiembre 27, 2020

PARA ESTA SEMANA MAYO 29 DE 2017

PARA ESTA SEMANA MAYO 29 DE 2017

La Ascensión es encuentro de amor, encuentro sublime para ser ahora desde Dios.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas de Cúcuta y de tantas partes del mundo. Mi saludo cargado de bendiciones, espero que la semana que comenzamos nos traiga alegrías, paz y salud; que todo salga bien y que cada uno de los proyectos salga adelante.

Este domingo celebramos la Ascensión de Jesús. Su regreso al Padre y esto significa que ahora nos será mucho más cercano, su presencia será permanente. El Padre nos habita y por lo tanto Jesús en el Padre y por su Espíritu son quienes llenan nuestros buenos deseos de darnos, de amar. La Ascensión es el regreso al Padre y por lo tanto otra manera de ser y de existir. No nos perdemos o nos anulamos, volvemos a ser en Dios lo que desde siempre hemos sido: imagen y semejanza, plenitud de amor y de eternidad.

Jesús regresó no para olvidarse de los que amó, tampoco para desertar de su proyecto del Reino, ni para abandonar el campo que cultivó con la Palabra y cuidó con su amor; regresó porque la misión estaba planteada y había comenzado a desarrollarse; ya todo estaba claro y se sabía a dónde había que ir y dirigir el mensaje del Evangelio, el amor de Dios que redime y salva. Él cumplió y al regresar al Padre le quedaba el reto a los discípulos. Jesús espera que ellos también cumplan, den plenitud a la obra y desarrollen la misión. Jesús desde el Padre seguía acompañando y animando y Dios seguía haciéndose presente a través de su Espíritu. Había ya que comenzar a prepararse para salir, para predicar, para sanar e invitar a la conversión. Había que comenzar y para eso era necesario unirse, dejar los miedos; necesario aprender a vivir con la certeza que Jesús nunca nos abandona y que el amor del Padre, a través de nosotros, sigue siendo incondicional pleno en ternura y desbordante en la misericordia.

La Ascensión es el regreso al Padre; marca el momento del encuentro solemne y sublime. Se regresa al corazón de Dios. Ahora se vuelve a estar junto a Dios y las cosas siguen existiendo en Cristo que resucitado conforta y anima a la Iglesia. Volvió al Padre, pero se quedó en cada persona que, llena de su Espíritu Santo, hace el bien, perdona y predica con su vida el amor de Dios presente e incondicional.

Ascensión es momento de envío, de toma de conciencia. Hay que dar frutos, la experiencia de Dios, el encuentro con Jesús, debe impulsarnos a salir y dar. Es tiempo de mostrar al mundo que hay un Dios haciendo todo, desde cada uno, para el bien de la humanidad.

La Ascensión abre un tiempo de esperanza. Sabemos que un día nos encontraremos con el Señor, que un día, cuando todo esté dispuesto, vendrá por nosotros. Y mientras llega ese día, ese momento: hay que darlo todo, hay que bajar de la montaña, hay que aprender a vivir de certezas que trascienden lo corporal o lo fenomenológico. Hay que vivir en la fe llenos de esperanza. Jesús está con nosotros. No nos deja solos. Nos habita con el Padre y nos llena con su amor, con su Espíritu.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.