PARA ESTA SEMANA: MAYO 2 DE 2016. La paz de Jesús es la certeza de saber que el Padre está en y con Él. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de […]
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lunes, septiembre 28, 2020

PARA ESTA SEMANA: MAYO 2 DE 2016.

PARA ESTA SEMANA: MAYO 2 DE 2016.

La paz de Jesús es la certeza de saber que el Padre está en y con Él.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que en su amor nos invita a tener paz. Él mismo nos regala su paz, aquella que le viene de la certeza infinita de saber que no está solo sino que el Padre le acompaña y le llena de fuerza para darse totalmente hasta el final. La paz Jesús nos la deja como un regalo preciado que nos permitirá vivir serenamente la entrega y el amor sin necesidad de estar esperando que sean los demás los que se entreguen o lo que amen. Yo, enamorado de Jesús, descubro también que la paz viene del gozo de saberse amado y habitado por Dios y que en Él puedo confiar plenamente porque me ama con misericordia y fidelidad.

El que ama a Jesús guarda sus palabras, son su tesoro, lo más preciado y sobre todo lo que le impulsa a luchar. Palabras llenas de esperanza, de amor y de fuerza pero sobre todo Palabras que sanan, que dan vida porque son Palabra de Dios. Las Palabras de Jesús son Espíritu y vida y vale la pena guardarlas en lo más íntimo del corazón para que sea en la experiencia de amar y del darse que de nosotros mismos broten las Palabras de Jesús como fuerza, amor y esperanza de los que nos escuchan.

Amar a Jesús es ya tener garantizado ese amor del Padre que se hace preferente con los que amando a Jesús hacen lo que Él les manda, prosiguen el proyecto del anuncio de la Buena Nueva y sanan y liberan y llenan de paz y de alegría los lugares a donde llegan. Amar a Jesús es también abrir un espacio en el corazón, en la vida, para que el amor del Padre llegue y siga con nosotros y desde nosotros este proyecto de salvación para toda la humanidad. El Padre nos ama pero solo lo que aman a Jesús son capaces de experimentar el amor cercano, tierno, dulce, bondadoso y misericordioso del Padre. Ya no será la experiencia de un amor lejano, del que apenas se tiene noticias. Será el amor personalizado, hecho carne y vida en cada uno. Saberse amado por Dios es una cosa, sentirlo, llevarlo dentro y vivir en la presencia del amado es otra cosa. Por eso el premio de amar a Jesús es sentir el amor del Padre. Amor eterno, creador, salvador y sobre todo fiel.

Jesús regresa al Padre, cumplió la misión en la medida que muchos judíos lo permitieron. La misión que fue pensada en terminar en la alegría del amor, en cada corazón que se llenaba de paz, en las normas que liberaban, acabó en la cruz pero no como una derrota sino como la fotografía del por qué era necesario que Jesús se encarnará y el mundo por medio de Él se salvara. La cruz no es más que el encuentro del desamor con el amor, de la infidelidad con la fidelidad. No es más que imagen de Dios que nos ama y que sigue haciendo todo por amor. Ahora a nosotros nos corresponde continuar con la misión. Nosotros que hemos amado a Jesús y guardamos sus Palabras sabemos que la misión sigue siendo la de lograr que por amor y en el amor la humanidad recupere su dignidad y le dé la grandeza a cada una de las personas que se encuentra a lo largo del camino de la vida.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.

PARA ESTA SEMANA: ABRIL 25 DE 2016.

Santa Sede