PARA ESTA SEMANA MARZO 27 DE 2017 La luz ha venido a iluminar. Mis queridos amigos bendiciones y todo lo mejor para la semana que comenzamos. Dios les conceda a cada uno la gracia de seguir caminando hacia el encuentro con Jesús que nos redime e ilumina nuestro caminar en la fe. En la ceguera […]
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viernes, noviembre 15, 2019

PARA ESTA SEMANA MARZO 27 DE 2017

PARA ESTA SEMANA MARZO 27 DE 2017

La luz ha venido a iluminar.
Mis queridos amigos bendiciones y todo lo mejor para la semana que comenzamos. Dios les conceda a cada uno la gracia de seguir caminando hacia el encuentro con Jesús que nos redime e ilumina nuestro caminar en la fe.

En la ceguera de un hombre Jesús nos mostró que ha venido a ser la luz, a dar la claridad, a devolver la vista. Dios no ha dejado de obrar ni de ayudarnos. Ante Jesús cada uno puede constatar la propia ceguera, al encuentro con Jesús se evidencia que ciego es todo aquel que ignora, que no es capaz o no quiere ver al otro, a su hermano.

A través de cosas sencillas, que cada uno de nosotros puede comprender; por medio de signos que muestran una fragilidad redimida por el amor de Dios, lo que Jesús enseña y lo que pretende al invitarnos a ser parte del proyecto del Reino.

Jesús nos habla y nos invita a tomar decisiones personales que cambian totalmente la vida. Al ciego de nacimiento Jesús lo manda a lavarse a la piscina de Siloé. Y el ciego fue y su vida cambió radicalmente. Antes era conocido por su limitación, para otros por el pecado suyo o de sus padres, y ahora es el sanado por el enviado, por Jesús; ahora el ciego es un hombre nuevo que nacido de la fe en Jesús da pasos significativos y toma decisiones radicales en su vida como la de ponerse en camino y lavarse para ver.

El ciego que ahora ve no niega su pasado, se reconoce en la historia y se hace un predicador del Evangelio al contar lo que Jesús había hecho en Él. Ya no necesita de limosnas para vivir; ha decido cambiar su vida, ganarse lo que necesita de otra manera y cuenta que un hombre, llamado Jesús, lo sanó. Y todo como al principio, Dios creando del barro, dando vida del barro y en el agua purificando, cambiando, transformando, haciendo todo nuevo por el poder de Jesús, de Dios; hombres nuevos que ven todo lo que Dios quiere que veamos y que anuncian las obras salvíficas de Dios obradas en cada uno.

Jesús al hacer milagro corre el riesgo de ser eliminado por los que se pretendían conocedores del saber y del poder de Dios; el ciego al anunciar que había sido curado por Jesús corría el riesgo de ser expulsado de la sinagoga, lugar, para el pueblo, de la presencia de Dios. Y los obstinados, esos religiosos hechos para la ley y no para el hombre, esos que se creen saberlo todo de Dios, no quieren abrirse a Jesús, se han obstinado y ahora solo piensan en acabarlo, en quitarlo de en medio no queriendo abrir el entendimiento y el corazón al único que conoce a Dios y que ha venido de Dios para rescatar desde Dios a la humanidad.

Ya el ciego de nacimiento no lo es, ha visto la luz y ha reconocido al Salvador; los que veían ya no ven, se han quedado ciegos al no reconocer la luz que ha venido a iluminar. Cerrarse a Jesús es enceguecerse poco a poco y un ciego no puede guiar a otro ciego nos lo enseña el mismo Jesús.

Cambiemos un poco la actitud ante Jesús, dejemos que sea Él el que ilumine nuestras vidas. No nos creamos ser luz cuando en el corazón solo hay oscuridad.

Recibamos la luz para iluminar, el amor para amar y dejemos la ceguera de la norma para descubrir en Jesús al Dios del amor.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.