PARA ESTA SEMANA: MARZO 21 DE 2016. Todo lo que pasó lleva tu nombre y apellido. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor al que […]
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domingo, septiembre 27, 2020

PARA ESTA SEMANA: MARZO 21 DE 2016.

PARA ESTA SEMANA: MARZO 21 DE 2016.

Todo lo que pasó lleva tu nombre y apellido.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor al que hoy plenos de alegría y de júbilo saldremos a aclamar pidiendo que Él sea nuestro Salvador. Jesús nos ayude a lo largo de la semana a vivir unos días de santidad y plenos de anhelos de conversión.

Esta semana, a través de la liturgia de la Palabra, nos encontraremos con toda clase de sentimientos y de personas alrededor de Jesús: hombres y mujeres con y sin fe, amando y odiando, hablando y guardando silencio, alegres y tristes, fieles y traidores, llorando y riendo, gritando o susurrando. Y en cada personajes hay una imagen de lo que somos con respecto a nuestros sentimientos, vivencias o sencillamente lo que nos dicen los demás.

Jesús generó controversia porque en muchos episodios de su vida salió de los esquemas propios de las normas y mandatos para sanar o ayudar a las personas y haciendo esto les hacía caer en cuenta a varios de los líderes religiosos, que las leyes no se aplicaban de la misma manera para todos, que Dios aparecía injusto, indiferente y hasta cruel en muchos momentos particulares de dolor o de dificultad. Normas sí, pero en la justa medida y proporción del amor. Se le estaba dando tanto valor e importancia a la ley que se olvidaban del ser humano, sobre todo del distante, del pobre, del enfermo, de los que trabajaban lejos, y en momentos concretos, daban más importancia a los animales que al mismo ser humano.

A Jesús muchos lo criticaban porque brindaba espacio, tiempo y palabra a todos, pero de manera especial a los pecadores, a las multitudes hambrientas de pan y de Palabra y eso incomodaba a los jefes religiosos porque en una religiosidad fundada en lo bueno y en lo malo según la ley, se venía al piso todo un sistema en el que los buenos excluían de cualquier proyecto de salvación a los malos, a los no judíos y a los judíos no practicantes y eso generaba miedo con la imagen concebida de un dios vengador y justiciero; un dios juez y militar.

Es obvio que la religiosidad peligró cuando Dios se mostró como realmente como era.

Con un Dios bueno, tierno, compasivo, misericordioso, pastor y guía, enamorado y en nada excluyente, es difícil mantener un pueblo religiosamente, sobre todo en lo normativo, activo o fiel. Y eso se pensaba y eso se piensa. Pero la vida demuestra que frente a un papá bueno, tierno, paciente y generoso, la respuesta de los hijos es excelente, llena de gratitud y de amor. Un padre bueno generalmente evita hijos plenos de complejos, miedos y frustraciones.

No conozco tus sentimientos frente a Dios pero espero que ya conociendo, en los momentos complicados, los de sus amigos, sus discípulos, su familia, las mujeres que le siguen y la multitud, descubras que la única razón de ser de todo lo que pasó en aquellos día fue el amor a la humanidad y los anhelos de paz y de justicia y de amor del mismo Dios. Todo lo que pasó lleva tu nombre porque Dios sigue soñando contigo y sigue dando la vida por ti y por conversión.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd

enero 17-3

Santa Sede