PARA ESTA SEMANA: MARZO 14 DE 2016. Sencillamente nos amó. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial con los mejores deseos de paz y bien en el Señor. Alegría y bendiciones para la semana que […]
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jueves, octubre 22, 2020

PARA ESTA SEMANA: MARZO 14 DE 2016.

PARA ESTA SEMANA: MARZO 14 DE 2016.

Sencillamente nos amó.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial con los mejores deseos de paz y bien en el Señor. Alegría y bendiciones para la semana que comenzamos; que nos sintamos responsables con el proyecto del Reino y procuremos dar lo mejor de cada uno, sobre todo amor a tantas personas que necesitan ser acogidas y perdonadas.

La reflexión para esta semana es una invitación a reconocer de nuevo que Dios ha tomado la iniciativa de la reconciliación, ha decidido cancelar la deuda. Que de Dios viene el Perdón. Dios quiere de nuevo hacer un pacto con la humanidad por medio de su Hijo. El ser humano no puede seguir llenando la vida de resentimientos, de maldad, de pecado. El ser humano está hecho para dar plenitud a la creación, para amar, para disfrutar de cada cosa y sobre todo del amor. No estamos para acabarnos, para destruirnos.

Contraria a nuestra condición de hijos de Dios, de amados por Dios, de reconciliados por Dios, es todo aquello que daña la vida y la paz. Por eso la indiferencia, el maltrato, la discriminación, por cualquier motivo, el desprecio, son realidades que le duelen a Dios porque Él existe en cada uno, con cada espera salvar a la humanidad de las terribles consecuencias de la ambición, de la envidia, de la negligencia.

Jesús nos invita a encontrarnos con Dios Padre, a salir de la situación en la que vivimos y que regresemos a la casa del Padre; nos invita a que nos demos oportunidades, que en lugar de estar matando, juzgando o condenando, perdonemos. Estamos llamados por Jesús a descubrir que lo único que salva a los demás de la situación de pecado es el amor. Que nos amemos, que nos perdonemos las deudas como Dios nos ha perdonado; que salgamos y nos dejemos sorprender por Dios que hoy quiere hospedarse en nuestra casa y comer con nosotros.

Dios es amor. A Dios se le escucha porque sus Palabras son luz y guía; a Dios se le acerca uno con confianza porque Él es compasivo y misericordioso; a Dios se le pide por las necesidades porque Él sabe dar cosas buenas a sus hijos; a Dios se le pide perdón porque hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por mil justos que se salvan.

Dios sigue reconciliando y mostrando su amor. Nos entregó a su hijo, pero en Jesús quiere que también nosotros nos entreguemos a los demás. Es todo un cambio de mentalidad: te encuentras con el amor, te dejas amar y comienzas a amar de la misma manera que lo hizo Jesús. Por eso es que Jesús a los discípulos nos pide que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado. Y si miramos bien cómo nos amó podremos decir: con compasión. Y es que ese amor sació el hambre, sanó a los enfermos, resucitó muertos. Ese amor se hizo pan para el camino; nos dio la seguridad que ni la tormenta en alta mar podría acabar con la vida cuando estamos con Él. Nos amó perdonando, tocando al leproso, bendiciendo a los niños y de manera especial dejándonos su cuerpo y sangre como memorial de un amor que se entrega hasta la muerte en fidelidad. Jesús nos amó por encima de los miedos, de las murmuraciones, del olor, de la enfermedad, de la pobreza. Nos amó. Sencillamente como Dios nos ama, siendo bueno, siendo justo, siendo amable y siendo eternamente fiel a un amor que ni el pecado ni la muerte lo pueden vencer.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd

enero 17-3

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