PARA ESTA SEMANA JULIO 24 DE 2017 Hay dos opciones, cada uno decide. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas de Cúcuta y de tantas partes del mundo, un abrazo cargado de bendiciones. Una semana llena de paz y mi invitación a […]
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domingo, septiembre 27, 2020

PARA ESTA SEMANA JULIO 24 DE 2017

PARA ESTA SEMANA JULIO 24 DE 2017

Hay dos opciones, cada uno decide.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas de Cúcuta y de tantas partes del mundo, un abrazo cargado de bendiciones. Una semana llena de paz y mi invitación a que nos esforcemos a mirar las cosas desde Dios, desde su corazón.

El Reino es una buena opción de vida, es una propuesta interesante, puede cambiar el comportamiento de muchas personas y lograr espacios de paz y de justicia.

El Reino es un proyecto que lidera Dios para que las personas volvamos a Él y desde Él miremos la vida, las personas y el mundo de otra manera, a la manera de Dios. Miradas compasivas, miradas cargadas de ilusiones, miradas a la intención más que a las obras mismas. Mirada de Dios que tiene la perspectiva y que permite vislumbrar el camino que conviene o no para cada uno. En la mente de Dios está el final, la meta que nos lleva a la felicidad y a la eternidad, en la de nosotros el escoger por dónde ir, el conservar el planteamiento de Dios o caminar por otros rumbos, tal vez espaciosos y de puertas amplias, que de entrada sabemos que no terminarán en el bien, pero que a lo mejor colman las ambiciones egoístas de muchas personas.

El Reino de los cielos existe, está presente pero seguro que le está sucediendo aquello del Evangelio, alguien está interesado en que no prospere, en que se ahogue, en que Dios y su proyecto se ignoren. Hay dos opciones en la vida, dos caminos: el bien y el mal. Pero cada uno de nosotros es el que elige cómo vivir y a dónde llegar. Un camino es el de Dios, el del amor que le apuesta a la misericordia, al servicio, al perdón, a la humildad, a la renuncia de sí y al reconocimiento de la dignidad del otro, del prójimo; el otro camino, que lleva a la perdición, nos habla de egoísmo, de encerrarse en la propia vida y mundo ignorando a los demás; es el camino del ojo por ojo, de la soberbia, del vivir sin Dios.

Los dos caminos son paralelos, diferentes; es el ser humano es el que elige si comienza a caminar desde su corazón cargado de amor de Dios o si quiere caminar desde sus ambiciones llenas de prepotencia y de orgullo.

Todos tenemos la opción de elegir, Dios siempre espera que optes por el amor, por el corazón, por la bondad; pero puedes estar seguro que si tomas el otro camino o si optas por el mal Él te buscará y tratará, desde la experiencia de su Hijo y del Evangelio, de que te devuelvas, que regreses a los caminos que Él ha trazado para tu felicidad. Dios sabe esperar, Dios tiene su tiempo, Dios es paciente. Pondrá personas que te hablen, que te inviten al cambio, circunstancias que te hagan pensar, pero nunca te obligará.

Dios sabe reconocer el trigo y diferenciarlo de la cizaña. El día de la cosecha llegará; el día de la poda se acerca cada vez más y por eso es mejor estar preparados. Cada uno sabe lo que siembra y por lo tanto sabe también qué frutos debe esperar.

En la manera que el mundo está viviendo, en la forma en que vivimos y estamos siendo educados, la experiencia del bien y del amor parecen imperceptibles; pareciera que alguien por allá hace el bien pero que el mal es mucho más, que la gente mala es mayoría, que el odio y el rencor cada día conquistan más corazones, que la muerte prima a la vida, que la ausencia de Dios es cada vez más grande. Pero el Evangelio nos enseña que todo tiene su final, que las historias de mal se acaban y que el amor nunca pasa. Que se agradece la vida de quien la gastó por los otros y por el amor, mientras que se rechaza y hasta se destruye, a quien se apodera, humilla y trata de acabar con las vidas de los débiles, de los pobres. El Reino es lo único que nos queda para soñar con un mundo mejor, con un lugar en el que todos quepamos y nos cobijemos y arropemos en la seguridad y confianza que da el amor y el saberse amado. Dios sigue siendo el árbol que nos sostiene y que silenciosamente sustenta los corazones de hombres y mujeres que luchan por la paz y le apuestan al amor.

Nos queda el reto del Reino, los invito a que lo asumamos con todo el riesgo que trae el amar.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.