PARA ESTA SEMANA: JULIO 11 DE 2016. Amorosamente buenos Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien para la semana que comenzamos. Para alcanzar la vida eterna debemos amar […]
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jueves, octubre 22, 2020

PARA ESTA SEMANA: JULIO 11 DE 2016.

PARA ESTA SEMANA: JULIO 11 DE 2016.

Amorosamente buenos
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien para la semana que comenzamos.

Para alcanzar la vida eterna debemos amar a Dios y al prójimo:

Amar al prójimo es la oportunidad que nosotros tenemos para darnos, para alegrar a los demás, la oportunidad de sentir que somos aquello que estamos llamados a ser. Amar al prójimo es poder concretar toda una experiencia ya que el amor tiene forma, tiene características: hacer el bien es la mejor expresión de amor.

Amar al prójimo implica gastarse, darlo todo, inclusive dar hasta la vida, pero también el darse implica que vayamos a Dios, que bebamos de la fuente y nos llenemos del amor. Es un amor que se gasta y que se entrega: Dios a nosotros y nosotros a los demás, al prójimo. Hay que tener amor para dar.

Amar a Dios hará que nos estemos con Él, que bebamos de Él, que cuidemos de su proyecto. Hará que bebamos de la fuente de la vida eterna, del amor, del cielo y que al mismo tiempo será lo que permita descubrirnos como seres de amor y como personas capaces de amar. Si amas a Dios sentirás que eres importante en este proyecto de vida que se llama Reino, sentirás que Dios te ha mirado con amor, con ternura y que te ha tenido misericordia y ha sido paciente, que Dios espera de ti porque de un árbol bueno se esperan buenos frutos. Si amas a Dios sabrás descubrir en ti esa belleza que no pasa y al mismo tiempo hará que te reconozcas como una persona digna del amor y de amar.

El amar a Dios no es para engrandecerlo o para que Él te haga el bien. Amar a Dios debe ser gratuito. Así nos ama Él y anhela que nos amemos. ¡Gratis! Dios es perfecto y a todos nos ama, hace salir el sol para todos. Amarlo es para que su amor sea tu inspiración, es para que te ames y para que ames. Amar a Dios es reconocer que podemos ser amorosamente buenos. Dios nos da su amor y cuando le amamos entonces nuestro amor aumenta y se expresa en la relación con los demás. Quien ama a Dios no puede hacer el mal, quien ama a su prójimo evita hacer daño, herir o hacer que el amor padezca.

El principal mandamiento que es amar a Dios va de la mano con el amar al prójimo y con el amarse a sí mismo. Es una proyección de tres. Dios que ama, tú que le amas y te amas y el otro que es amado por Dios, en Dios y desde Dios. Un amor divino a través del ser humano que hace posible que otra persona sea feliz al ser amada y sea plena al ser valorada y respetada en el amor. Por eso amar al prójimo y a Dios pueden cobrar una identidad tal que si no amas al otro no amas a Dios. Y amar al otro y amarse así mismo son la misma cosa porque en el amar te entregas, te das, te mueres, pero en el amor del otro tienes vida y razones para luchar.

Amemos, en esto se resume toda la enseñanza y la ley.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd