PARA ESTA SEMANA JULIO 10 DE 2017 “Pacientes y humildes de corazón” Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas Cúcuta y de todas partes del mundo. Abrazos y bendiciones. Lo mejor para esta semana y que la Virgen del Carmen sea nuestro […]
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domingo, septiembre 27, 2020

PARA ESTA SEMANA JULIO 10 DE 2017

PARA ESTA SEMANA JULIO 10 DE 2017

“Pacientes y humildes de corazón”
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas Cúcuta y de todas partes del mundo. Abrazos y bendiciones. Lo mejor para esta semana y que la Virgen del Carmen sea nuestro faro de luz e interceda a Jesús por nuestras necesidades.

La pequeñez, entiendo yo desde el Evangelio de este domingo (Mt. 11, 25-30) está dada por la capacidad de abandonarse, de confiar en Dios; de esperar en Él. La pequeñez de la que nos habla el Evangelio tiene que ver con la acogida y apertura al misterio; con ese dejarse sorprender por Dios que no se cansa de buscarnos, de encontrarnos, de abrazarnos y de amarnos con su amor eterno. A los pequeños Dios se les revela porque ellos saben esperar de la Providencia, de su Padre; ellos se abandonan en Él en los momentos más difíciles y se dejan conducir por los vientos suaves del Espíritu. Dios se revela a los pequeños y esto los hace grandes y dignos del acontecer del Reino en sus vidas.

A ser pequeños y humildes nos llama el Señor. Él tiene planes para todos, pero necesita nuestra docilidad y apertura.

Nosotros estamos en el corazón de Jesús, en Él existimos; Dios se ha glorificado en su Hijo y su Hijo se glorifica en cada uno. Jesús nos llama, nos elige, nos justifica y santifica. Si en la vida aprendemos a vivir como reflejo de Él, si aprendemos a amar como Él amó y si tratamos a los demás con la dignidad que se merecen, entonces seremos santos, seremos pequeños, seremos gloria de Dios que en su Hijo nos ha llenado de dignidad, de su hermosura.

El Hijo ha querido revelarnos al Padre, Él lo conoce y sabe de sus planes para cada uno. El Hijo nos ha llamado a la fe para que nosotros creamos que Él es el enviado, el Mesías y para que conozcamos a Dios y desde el Padre cada uno, en un Espíritu de conversión, vuelva al sentido fundante de su vida, vuelva al amor. Pero el Hijo se ha encontrado con el rechazo de muchos y de manera especial de los jefes religiosos que no conciben a Dios de otra manera sino la aprendieron de generación en generación negando cualquier posibilidad de novedad a Dios que siempre está listo para sorprendernos.

Se ha encontrado, el Hijo, con el rechazo, la indiferencia, la burla, de los “propietarios de la fe”, de los que pensaban que creían en Dios pero que no le creyeron ni fueron capaces de reconocerlo. Y por eso Jesús se alegra de que sean precisamente los pequeños, los que tenían fe, los humildes, los que reciban el mensaje de la salvación, los que reconocen el acontecer de Dios en la vida, en el tiempo y en la historia.

Ahora hay una invitación de Jesús: “vengan a mi todos los que están rendidos y agobiados, que yo los aliviaré” A muchas personas la fe las ha puesto así; muchas personas más que liberadas se han sentido perseguidas, acusadas y su corazón se ha llenado de agobios, debido a las normas que estando para liberar al ser humano, han sido privadas de amor, de misericordia y de paz y han generado gran dolor y condenación. La norma dejó al ser humano en un segundo plano y obviamente eso preocupa a Dios.

Gente agobiada por las penas, rendidas de luchar están siendo invitadas a ser como Jesús: pacientes y humildes de corazón, abiertos a Dios; esperando la conversión de los demás y amando siempre sin condicionar el amor mismo.

Vayamos a Jesús, dejemos en Él nuestro agobio y cansancio y como Él seamos pacientes y humildes.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.