Para que yendo nosotros Él también vaya. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial que lleva los mejores deseos de paz y bien en el Señor que en su amor nos llama para hacernos protagonistas […]
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lunes, septiembre 28, 2020

PARA ESTA SEMANA: FEBRERO 8 DE 2016.

Para que yendo nosotros Él también vaya.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial que lleva los mejores deseos de paz y bien en el Señor que en su amor nos llama para hacernos protagonistas del proyecto de salvación que Él tiene para la humanidad y en nosotros para el mundo entero.

Jesús pasa llamando; no sabemos cuándo ni en qué circunstancias de la vida Él nos llamará; no sabemos si ese día nos sentiremos dignos o no de la invitación que Él nos haga pero lo que sí es cierto es que la mies sigue siendo mucha y los obreros pocos y que Jesús sigue llamando personas a que le sigan no por los milagros o por las obras que Él hace por los demás, sino que le sigan para estarse con Él, ir a predicar el Evangelio y ser capaces de transformar desde la experiencia del mismo Jesús la vida de los demás.

El Señor Dios nos dispone para el servicio, para el anuncio, para ir de parte de Él al mundo, a los hermanos y a todas partes. No nos ha elegido ni por santos, ni por dignos, nos ha escogido porque ha querido, su proyecto es incluyente y todos tenemos la capacidad, al encontrarnos con Él, de cambiar la vida y los propios proyectos, por el Reino, por la salvación, por el amor. Dios en Jesús nos ha elegido porque ha mirado nuestro corazón y porque se ha sentido acogido en nuestros actos y palabras.

No hay que tener miedo de dejarlo todo, lo que hay es que tener claro por qué lo dejamos, el para qué Jesús mismo nos lo irá mostrando. No hay que tener miedo a cambiar de vida pero sí hay que tener claro que ahora Jesús es nuestra vida. No hay que tener miedo de elegirlo ni de amarlo porque Él nos eligió y nos amó primero.

No hay límites, no debe haber pretextos, no debemos seguir refugiándonos en los propios pecados y mucho menos en las propias virtudes. Hay que dejarlo todo, hay que venderlo todo, hay que tomar la cruz; hay que amar. Él nos hará pescadores de hombres; Él hará que seamos los obreros en este campo donde la mies es mucha. No importa la hora del día o lo caminado en la jornada, Él nos dará el salario justo y nosotros lo daremos todo en la viña.

El Señor nos purifica y hace que sus Palabras se expresen en las nuestras y sus obras se manifiesten a través de nosotros. Dios nos hace uno con Él para que yendo nosotros Él vaya y hablando nosotros Él hable. Saberse instrumento de Dios, de salvación; sentirse regalo y don para el mundo, para la humanidad es un privilegio. Por eso vamos a pedirle a Dios que purifique nuestros labios y nos regale la fuerza para cambiar nuestra vida y así también ir al servicio de Dios, de su Reino.

Vamos a confiar más en la Palabra de Jesús, si Él nos dice las cosas es por algo bueno, porque hay peces y podemos pescar. Si él nos llama es porque podemos decirle sí. No sigamos viviendo pensando que la vida no cambia o que las cosas son imposibles. Abramos el corazón y la mente a la Palabra y a la experiencia de Jesús y comprobaremos que la pesca es abundante y que las cosas de Dios no tienen tiempo y muchas veces ni lógica humana.

Con mi bendición:

Jaime Alberto Palacio González, ocd