El amor es paciente. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Es ya tercer domingo de Cuaresma y espero que estemos viviendo plenamente este tiempo en el que el Señor no se cansa de llamarnos a la conversión […]
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lunes, septiembre 28, 2020

PARA ESTA SEMANA: FEBRERO 29 DE 2016.

El amor es paciente.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Es ya tercer domingo de Cuaresma y espero que estemos viviendo plenamente este tiempo en el que el Señor no se cansa de llamarnos a la conversión ni de invitarnos a una vida conforme a la fe. Una vida llena de Dios y por lo tanto repleta de buenas obras. Cuaresma es tiempo para volver a Dios, a nosotros y desde ahí a los demás. Damos a Dios cuando nos damos a nosotros mismos.

La higuera de la que nos habla el Evangelio de san Lucas no produce frutos (cfr. Lc. 13, 1-9). Ha sido cuidada pero está ocupando terreno inútilmente; seguro que otra higuera a lo mejor da frutos. Propio de la higuera es dar frutos, así como de nosotros lo propio es amar. El Señor ha tenido paciencia y decide esperar otro año para ver qué pasa con esta higuera que se llenó de esterilidad, se volvió infecunda, se acostumbró a no dar frutos. Es lo mismo que pasa con nosotros que nos negamos a amar de la manera que Dios ama, con paciencia, con misericordia, con ternura y sobre todo con fidelidad.

Hay una desilusión por parte del Señor que ha esperado los frutos y éstos no aparecen. Pero el amor paciente y misericordioso con el que el Padre nos ama no se agota en un hecho. Él vuelve a intentarlo, nos protege y nos cuida para que algún día tomemos conciencia de la necesidad que tenemos de dar frutos.

El texto de san Lucas en este tiempo de Cuaresma debe llevarnos a una reflexión profunda sobre los cambios que estamos haciendo en nuestra vida. No se trata solamente de ser buenos, se trata de dar frutos, de que la propia experiencia religiosa se traduzca en obras, en una manera de vivir. Dios nos está pidiendo conversión, salir de nosotros mismos, de la comodidad en la que podemos estar viviendo para dar a los demás, para darnos a los demás.

Estamos en el mundo plantados por el Señor, cuidados por Jesús, pero el tiempo se nos pasa. En algún momento se nos pedirá los frutos y tal vez nos hemos descuidado, nos hemos dedicado a vivir sin sentido, para nada y lo peor de todo para nadie, siendo conscientes en que nuestro corazón todos habitan, en nuestro mundo de amor todos existen.

Pienso que nunca es tarde para iniciar, para sentir el amor de Dios y para comenzar a comprometernos con la propia vida. Estamos en un año de gracia. Un año para que demos frutos, para que nos dejemos levantar por la misericordia de Dios y sobre todo para que sintamos que en el tenemos un compromiso con las personas que nos rodean. Muchos, como lo hace el Señor, están pasando por nuestras vidas y quieren saborear lo mejor de cada uno, esperan nuestros frutos. Gente que nos ha amado, cuidado, protegido y hasta intercedido por cada uno, que espera que no vivamos llenos de sequedad, de esterilidad, de frustraciones.

Tengamos presente que otro año ha comenzado y que la vida no se nos puede pasar llenos de propósitos, de hojas. Hay que dar frutos, Dios, tus amigos, tu familia, el mundo los espera.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd